Ética y expresión en Wittgenstein y Carnap

Santiago Eslava Bejarano

“No dice lo que vio, pero dice que no lo puede decir de manera que aquellas cosas que no se pueden decir es menester decir siquiera que no se pueden decir, para que se entienda que el callar no es no haber que decir sino no caber en las voces lo mucho que hay que decir.” Sor Juana Inés de la Cruz

El impacto de la obra de Wittgenstein es claro en la producción filosófica que vendría después de él en el siglo XX. Destaca su relación con el positivismo lógico y el círculo de Viena, pues la publicación del Tractatus lógico-filosoficus, aunque criticada, fue estimada por los filósofos y científicos del círculo. Estas doctrinas filosóficas surgen en un contexto de grandes conflictos sociales, tanto Carnap como Wittgenstein lucharon en la primera guerra mundial y muchos miembros del círculo fueron perseguidos por el régimen nazi. Es preciso notar que estos sucesos más que anecdóticos para la historia de la filosofía, permiten entender el desarrollo intelectual de estos hombres que vivieron los horrores de la guerra. De pronto de este modo se pueden entender las críticas que hacen a los juicios de la ética, la perspectiva que adoptan frente a la moral tradicional y la concepción que tienen del sentido de la vida; lejos del existencialismo francés, estos hombres analizan el lenguaje y en especial en Wittgenstein, se puede ver una concepción de la filosofía como una actividad terapéutica para la vida.

En este marco nos encontramos con una nueva manera de hacer filosofía, que progresivamente va derrumbando dogmas antiguos de la tradición filosófica mediante un análisis lógico de nuestro lenguaje y del mundo. Uno de los temas que se replantean tanto Wittgenstein como Carnap en sus respectivos análisis del lenguaje es la ética; mucho se habla sobre ética (sobre todo en tiempos de guerra y conmoción social), pero ¿tienen en verdad algún sentido los juicios éticos? ¿En un mundo tan flagelado por la guerra, cómo se puede entender un enunciado de valor absoluto? ¿Qué pasa con lo que no decimos, nuestras acciones e incluso nuestro silencio también pueden expresar aquello de lo que no somos capaces de hablar?

En principio tanto Wittgenstein como Carnap niegan el valor cognitivo de los enunciados de la ética. Wittgenstein considera que los enunciados de la ética no tienen sentido alguno, pues son enunciados que expresan juicios de valor absoluto, dichos juicios de valor absoluto no refieren a hechos en el mundo, son proposiciones vacías: “Ahora bien, lo que deseo defender es que, aunque puede demostrarse que todos los juicios de valor relativo son simples enunciados de hechos, ningún enunciado de hecho puede ser, o implicar, un juicio de valor absoluto.” (Wittgenstein). De este modo, y teniendo en cuenta lo que dice Wittgenstein en los apartados 3.12 y 4.023 del Tractatus lógico-filosoficus: “una proposición es un signo proposicional en su relación proyectiva con el mundo.” (Wittgenstein) y “una proposición es la descripción de un estado de cosas.” (Wittgenstein) es claro que las proposiciones de la ética deben ser sinsentidos, pues si una proposición debe mantener una relación proyectiva con el mundo, de modo que describa un estado de cosas, entonces una proposición que establezca valores absolutos no puede tener sentido, en la medida en que ningún estado de cosas es absoluto.

A la luz del Tractatus se pueden entender las afirmaciones de Wittgenstein en su Conferencia de ética, dónde dice: “Ese libro contendría la descripción completa del mundo. Lo que quiero decir es que este libro no contendría nada que denomináramos un juicio ético, ni nada que implicara lógicamente tal juicio. (…) Pero todos los hechos descritos estarían, por así decirlo, al mismo nivel, e igualmente todas las proposiciones estarían al mismo nivel.” (Wittgenstein, Conferencia de ética, 1997 ). En un mundo en el que “Todas las proposiciones tienen igual valor”6.4 (Wittgenstein) una disciplina que intente establecer jerarquías no podrá nunca establecer juicios con sentido, pues los hechos mismos están al mismo nivel. De este modo, cuando queramos interpretar qué quiere decir una proposición ética, fallaremos necesariamente, pues al buscar el hecho o conjunto de hechos que es descrito por ella no encontraremos nada. Esto nos lleva a preguntarnos ¿Acaso tiene sentido defender posiciones que se sustentan en enunciados sin sentido? En un mundo en el que todas las proposiciones tienen igual valor y la ética es incapaz de establecer jerarquías que determinen lo bueno y lo malo, ¿tiene sentido tomar parte en uno u otro bando en la guerra?

Frente a esta posición de Wittgenstein, nos encontramos con una perspectiva distinta de Carnap, quien orienta su crítica por un camino distinto. Mientras Wittgenstein se basa en una teoría de las proposiciones como “imágenes” o “proyecciones” de hechos, Carnap por su parte orienta su crítica mostrando que las proposiciones de la ética son en verdad imperativos que muestran deseos pero no afirman nada. Esta diferencia puede deberse a un problema que enuncia A. W. Carus: “But Wittgenstein’s conception of meaning also raised a second problem for the Circle. Statements about language – like their own writings about the scientific language, including the Aufbau- could not be construed as truth-functional concatenations of atomic sentences and were therefore also, strictly speaking, meaningless.” (Carus, 2008). De este modo se puede explicar por qué, si bien el círculo de Viena estudió asiduamente el Tractatus lógico-filosoficus, algunas de las teorías que presenta Wittgenstein no fueran adoptadas. Al Círculo de Viena le pareció inaceptable admitir como sinsentidos sus propias proposiciones acerca del lenguaje, como sí lo hace Wittgenstein cuando dice en el Tractatus: “Mis proposiciones son elucidaciones de este modo: quien me entiende las reconoce al final como sinsentidos, cuando mediante ellas- a hombros de ellas- ha logrado auparse encima de ellas” (Wittgenstein) Aceptar esto implicaría para Carnap aceptar que el conjunto de su obra misma no está a un nivel distinto de la metafísica o la ética; y que si acaso el único valor que puede tener su filosofía es uno meramente expresivo; esto no es así y Carnap defiende sus posiciones desarrollando una teoría sintáctica del lenguaje.

De este modo, la línea argumentativa de Carnap será diferente, aunque la conclusión sea la misma: Las proposiciones éticas carecen de sentido por dos razones principalmente, en primer lugar, para Carnap “(…) un enunciado valorativo no es más que una orden con una forma gramatical engañosa.” (Carnap) y en la medida en que la aparente proposición es en verdad un imperativo no puede tener un valor de verdad; en segundo lugar, para tener un valor cognoscitivo un enunciado debe permitir deducir de sí enunciados perceptivos: “Lo que confiere significado teórico a un enunciado no son las imágenes y pensamientos concomitantes, sino la posibilidad de deducir de él enunciados perceptivos” (Carnap) pero los enunciados de le ética no cumplen este requisito, “Del enunciado ‘es malo matar’ no podemos deducir ningún enunciado relativo a experiencias futuras” (Carnap). De modo que si no tiene valor de verdad, ni es un enunciado relativo a experiencias, no puede tener un valor cognitivo.

Es preciso hacer una salvedad con respecto a la postura de Carnap frente a los enunciados de la ética, si bien en un principio afirma que carecen de valor cognitivo, pues afirma que están en el campo de la metafísica y no se puede deducir nada empíricamente verificable de ellos; no puede decirse que los rechaza del todo, esto se debe a que al final de Filosofía y sintaxis lógica, Carnap hace una aclaración: bajo una determinada interpretación los enunciados de la ética sí tienen un valor cognitivo: “Decir que un tipo de conducta es bueno o malo se interpreta en el sentido de que es un modo conveniente o inconveniente de alcanzar determinado fin.” (Carnap, 1981).

¿Cómo se justifica esta aclaración? Carnap considera a los juicios de valor absoluto como sinsentidos, pero cuando se interpreta el valor de éstos en función de un determinado fin presupuesto, es decir, cuando en vez de ser absolutos son relativos, sí tienen un valor cognitivo. Esto por cuanto que de ellos sí se pueden deducir enunciados relativos a experiencias futuras (consecuencias de una determinada acción). Los juicios de valor absoluto, por su parte, no remiten a ninguna experiencia, sino que califican algo como bueno o malo de acuerdo a una supuesta naturaleza intrínseca y por tanto son los que efectivamente carecen de valor cognitivo para Carnap.

De este modo se puede ver también que el rechazo a la metafísica por parte de ambos (del mismo modo que su rechazo a los juicios de la ética), está orientado en dos vías distintas, dice Carus: “This also gave him (Carnap) a new and different way of eliminating metaphysics, superciding the previous Wittgensteinian way. The previous criterion had been a criterion of meaning. The new criterion was not. It required that any statement either be straight-fowardly factual or be translatable into the formal mode of speech.” (Carus). Carnap presenta un lenguaje formal que permite traducir e interpretar los enunciados del lenguaje material, de este modo propone un método de análisis lógico que hace posible descubrir los problemas sintácticos y lógicos de oraciones de tipo ético y metafísico; problemas que Wittgenstein identifica de una manera distinta, mediante el significado (o más bien la ausencia de éste) en los enunciados que no refieren a hechos.

Surge otro tema al que ambos filósofos le dedican unas cuantas líneas en sus obras, el de las leyes naturales; proposiciones de carácter universal que pretenden una validez absoluta pues están fundadas en hechos y experiencias empíricas. Esta pretensión universalista de las leyes de la naturaleza se asemeja a las pretensiones de los enunciados éticos, aunque las leyes de la naturaleza y los juicios éticos presentan diferencias fundamentales tanto en la filosofía de Wittgenstein como en la de Carnap.

Tanto las leyes naturales como los juicios morales presentan varios problemas en ambas teorías filosóficas. Para Wittgenstein las leyes de la naturaleza no son nunca un dictamen a priori natural que nos permita conocer con certeza el comportamiento de la naturaleza antes de la experiencia, pues las leyes de la naturaleza están fuera de la lógica, y “fuera de la lógica todo es accidental”6.3 (Wittgenstein). De este modo se entiende por qué no muestran un comportamiento necesario en la naturaleza, simplemente esbozan  posibilidades naturales partiendo de conexiones regulares (que son las únicas que son pensables, 6.361). A continuación, dice en 6. 372: “Así se quedan parados ante las leyes de la naturaleza como si de algo inviolable se tratase, como hacían los antiguos con Dios y el Destino. Y ciertamente ambos tienen razón y ambos están equivocados. En cualquier caso los antiguos tienen una idea más clara en la medida en que reconocen un punto final claro, mientras que en el sistema moderno ha de parecer como si todo estuviese explicado.” (Wittgenstein). En este apartado Wittgenstein muestra una fuerte posición frente a las leyes de la naturaleza, no solo en la afirmación de que es una ilusión que las leyes de la naturaleza expliquen fenómenos (6.371), sino en la comparación que hace entre la confianza en ellas y la creencia de los antiguos en el destino. Aquí se ve claramente la concepción que defiende Wittgenstein de las leyes naturales, una concepción crítica de las mismas, que sin negarlas, sí les resta mucha de la fuerza que las ciencias naturales le han brindado: “Que el sol saldrá mañana es una hipótesis; y esto quiere decir: no sabemos si saldrá.” (Wittgenstein) Sin embargo, esto no implica que las leyes naturales estén al mismo nivel de las proposiciones éticas, las leyes naturales no son sinsentidos, pues sí remiten a hechos, las proposiciones éticas no.

Sin embargo para Carnap y para el Círculo de Viena, las leyes naturales no son lo mismo que para Wittgenstein, a pesar de que se basan en las ideas expuestas por éste último, dice Carus: Since the number of observation sentences supporting a physical law could only ever be finite, this meant – to the Vienna circle- that a universal law could not be nothing more than the body of evidence for it.” (Carus, 2008). Esto permite explicar el sentido de afirmaciones como “(en) lo que se llama ley natural, es aún más patente que hay un número infinito de casos a examinar por lo que el enunciado es una hipótesis.” (Carnap). En este sentido, a la luz de la explicación de Carus, se puede comprender que las leyes naturales tanto en Wittgenstein como en Carnap no permiten inferir nada más allá del cuerpo de evidencia que las sustenta. Si bien tanto leyes naturales como juicios éticos pretenden ir más allá de lo que se puede decir, las leyes naturales no son un sinsentido; pues se sustentan en hechos a pesar de fallar en su pretensión de predecir con certeza y necesidad hechos futuros (la única necesidad posible es la necesidad lógica). Por último, en este aspecto es preciso entonces decir que tanto los juicios de la ética como las leyes naturales fallan en su intento por alcanzar una necesidad previa a una experiencia que determinan, pues la única necesidad posible es la lógica, y ni los enunciados sobre moral ni las leyes naturales presentan una estructura sintáctica que las haga necesarias.

Si bien las posiciones de ambos son cercanas en muchos aspectos, son varios los puntos en los que las posiciones éticas de Wittgenstein se alejan de las de Carnap. En primer lugar, Carnap considera a las proposiciones éticas dentro de la caracterización que hace de la metafísica: “(los enunciados de la ética) no constituyen enunciados de estas teorías y carecen, aquí y en cualquier sitio, de sentido teórico. Por tanto, los relegamos al dominio de la metafísica.” (Carnap, 1981) Esta concepción de los enunciados éticos difiere radicalmente de la de Wittgenstein, quien hace una clara distinción entre metafísica y ética.

Aunque ambos hacen una distinción importante, pues distinguen a los enunciados absolutos de otro tipo de enunciados. En Conferencia de ética, Wittgenstein distingue entre los enunciados éticos (de sentido absoluto) y los enunciados triviales (o de sentido relativo), si bien ambos emiten juicios del tipo ‘esto es bueno’, los enunciados triviales lo hacen de manera relativa (refieren la característica de bueno o malo a objetivos prefijados para el objeto que es sujeto de dichos apelativos); mientras que los absolutos no, no son juicios relacionados con hechos, y pretenden prescindir de toda experiencia. Carnap en Filosofía y sintaxis lógica hace una distinción similar, cuando diferencia entre enunciados valorativos absolutos y relativos.

Si bien en ambos casos los enunciados de la ética carecen de valor cognitivo, esto no quita que tengan un valor distinto. Tanto Wittgenstein como Carnap reconocen que hay otra dimensión de valor que estos enunciados tienen. En la Conferencia de ética dice Wittgenstein: “La ética, en la medida en que surge del deseo de decir algo acerca del sentido último de la vida, de lo absolutamente bueno, de lo absolutamente valioso, no puede ser ciencia. Lo que dice no añade nada, en ningún sentido, a nuestro conocimiento. Pero es un testimonio de una tendencia de la mente humana que, personalmente, no puedo evitar respetar profundamente y que no ridiculizaría por nada del mundo.” (Wittgenstein).

De este modo nos encontramos con un último aspecto fundamental en la concepción de los enunciados de la ética de ambos: la distinción entre de dos funciones del lenguaje. Ambos reconocen en el lenguaje una función que no es cognitiva, la posibilidad de expresar sin tener que decir. Fuera de la estructura lógica del lenguaje, más allá del significado y la correspondencia con los hechos, las proposiciones pueden expresar o mostrar aquello que no es posible decir. Pueden apelar a los sentimientos e incluso evocar imágenes. Dice Carnap: “niego a los enunciados valorativos absolutos un tipo de significado: el significado cognitivo (teórico asertórico). Sin duda ninguna, dichos enunciados poseen un significado expresivo, especialmente emotivo y motivante; se trata de un hecho muy importante para su eficacia social.” (Carnap). Esto se asemeja al valor que reconoce Wittgenstein en los juicios éticos al final de su Conferencia de ética.

 Cómo se pudo ver anteriormente, Carnap incluye a la ética dentro de la metafísica; en el apartado de La metafísica como expresión de Filosofía y sintaxis lógica hace una distinción clara entre la función expresiva y la función representativa del lenguaje. La única función que pueden cumplir los enunciados de la metafísica (y los de la ética) es una función expresiva, esta función para Carnap se ve en que a pesar de no tener sentido, sí expresan algo (afectan al lector y pueden expresar sentimientos). Dentro de esta función no hay un valor de verdad ni una representación; sin embargo sí tienen una utilidad; de este modo Carnap no niega el valor de la poesía lírica; pues la función expresiva de ésta es innegable; sin embargo sí hace una dura crítica a la metafísica, pues ésta a diferencia de aquella, engaña y muestra aparentes conocimientos dónde no los hay.

Por último, frente a esta concepción de la expresión en Carnap nos encontramos con algo distinto en Wittgenstein. Pues éste último habla de elucidaciones, de modo que hay cosas que no se pueden decir, pero sí se pueden mostrar o elucidar de modo que efectivamente se pueda expresar aquello que no se puede decir. Para él lo que salva a la ética no es, como en el caso de Carnap, el hecho de que los enunciados puedan ser relativizados y referidos a hechos, sino que la ética busca un sentido especial al mundo, sentido que necesariamente reside por fuera de él. De este modo la ética es trascendental como la estética, esto nos lleva a la última parte del Tractatus, en la que Wittgenstein habla de su teoría mística, del hombre y su experiencia del mundo, y de cómo lo inexpresable se manifiesta en lo místico de modo que plantea un método filosófico escéptico (al modo pirrónico) frente a la metafísica,  de indagar sobre ella y mostrar que en ella solo hay sofismas sinsentido.

En este ensayo se ha visto que tanto Wittgenstein como Carnap niegan la posibilidad de una ciencia o disciplina ética, pues sus enunciados son siempre sinsentidos. A pesar de esto la ética para ambos tiene un valor irrefutable, pues responde a una necesidad del hombre de buscar sentido en el mundo. De este modo la ética se puede salvar en ambos casos, aunque es preciso entonces distinguir claramente que su función nunca será como la de las ciencias naturales, pues el uso que hace ésta del lenguaje más que algo cognitivo es expresivo. De este modo se entiende que en un mundo sin sentido, un mundo en el que los hechos parecen distanciarse siempre de lo ético y la desesperanza de la guerra lo demuestra; la ética aún se puede salvar, como un ejercicio puramente expresivo (igual que la poesía), e íntimamente ligado a la vida de cada hombre.

 Bibliografía:

Carnap, R. (1981). Filosofía y sintaxis lógica. En J. Muguerza, La concepción analítica de la filosofía. Madrid: Alianza.

Carus, A. (2008). Carnap’s intellectual development. En M. Friedman, The Cambridge companion to Carnap (págs. 9-42). Cambridge University Press.

Wittgenstein, L. (1997 ). Conferencia de ética. En Ocaciones filosóficas (págs. 55-65). Madrid: Cátedra.

Wittgenstein, L. (2012). Tractatus logico-filosoficus Madrid: Tecnos.

Sobre el autor:  Santiago Eslava Bejarano. Estudiante de Filosofía. Universidad de Los Andes – Bogotá- s.eslava10@uniandes.edu.co

Descargar en PDF

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s