Fragmento, Symphilosophie y Witz

                                                                                    Laura Galán

Universidad de Los Andes – Bogotá

l.galan96@uniandes.edu.co

 

El proyecto del romanticismo puede resumirse en la idea de que la verdadera “filosofía del espíritu es una filosofía estética”[1]. Este proyecto señala de entrada la estrecha relación entre el romanticismo y el idealismo especulativo, que es la corriente filosófica en medio de la que surge, precisamente, el romanticismo. Para entender este proyecto es, entonces, necesario comprender el programa general del idealismo especulativo y de dónde surgió. Lacoue-Labarthe y Nancy, en L’absolu littéraire, advierten que para comprender el romanticismo es preciso tener en cuenta que se trata de un movimiento que surgió en medio de una crisis filosófica, en el intervalo del paso de un modelo para comprender el mundo a otro. Esta crisis está marcada por la pregunta, heredada de la filosofía kantiana, por la unidad del sujeto, por su identidad misma. Los románticos y en general toda la filosofía especulativa tratarán de remediar o al menos trabajar en la ruptura que produjo Kant al interior del sujeto. Kant mismo intentó solucionar este problema y su intento lo llevó a cabo, justamente, en el ámbito de la estética. El romanticismo recoge la mayoría de los elementos con que la filosofía especulativa pretende responder a este problema, pero se distancia de ella en la medida en que propone que la forma adecuada para realizar el programa es la estética y no, por ejemplo, el saber. El romanticismo se caracterizará por tres factores fundamentales mediante los cuales será consumado. Estos factores son el fragmento, lo que ellos llaman la symphilosophie y el Witz.

En primer lugar, este texto intentará repasar y explicar brevemente el problema de la identidad del sujeto, que surgió de la filosofía kantiana, y la metafísica que el idealismo especulativo formula para dar solución a este problema. Luego tratará de exponer cómo se diferencia y se distancia el romanticismo de la filosofía del idealismo especulativo. Y, por último, tratará de exponer la lógica interna del romanticismo.

El romanticismo surge en medio y a raíz de una crisis filosófica, de manera que el único modo de abordarlo es a partir de la filosofía. “La filosofía, entonces, dirige al romanticismo”[2]. Este surge de una crisis filosófica inaugurada por Kant. El problema consiste en que, simplificando el asunto, el sujeto se divide en sujeto que conoce y sujeto que actúa, en sujeto teórico y en sujeto práctico. Ahora, esas dos formas de tomar el sujeto son radicalmente distintas porque, por un lado, al sujeto teórico se le imponen las representaciones, mientras que, por el otro, el sujeto práctico determina las representaciones. Esta es una forma muy simplista de formular el asunto. La filosofía de Kant no sólo dividió al sujeto sino que también lo despojó de sustancialidad. El sujeto teórico es un yo vacío que cumple la función de simplificar o de sintetizar en una forma o figura (Bild) las representaciones que recibe y es, a lo sumo, un yo que conoce. El sujeto práctico tampoco tiene la suerte de ser más que ese yo vacío pues sólo se lo define negativamente y tampoco llega a tener contenido. Ya no se trata de un sujeto que conoce sino de un sujeto libre que debe partir de sí mismo. Pero, dicen Lacoue-Labarthe y Nancy, que con esto el sujeto no gana nada porque la libertad se pone como la razón de ser de la ley moral que encontramos en nosotros, y ésta es apenas un hecho. El único contenido que podría tener este sujeto también está por fuera de su alcance. Ese rompimiento al interior del sujeto y su falta de sustancia plantean necesariamente la pregunta por su unidad y por su identidad. Ahora bien, estos no son los únicos problemas que la filosofía crítica encargó al romanticismo, aquella también argumentó sobre la imposibilidad de una intuición originaria que siempre había servido como un sustento para la filosofía. De modo que el único comienzo para la filosofía resulta ser este sujeto cuya unidad, identidad y sustancialidad están en cuestión.

Los autores de L’absolu littéraire sugieren que Kant ensayó conciliar estas dos, si se quiere, versiones del sujeto y restaurar su identidad en la Crítica del juicio y en Observaciones acerca del sentimiento de lo bello y lo sublime. Ellos mencionan que en estos textos se presentan dos tentativas para resolver la tensión entre las dos versiones del sujeto, pero la que le interesará a los románticos es la que se produce en la Darstellung (présentation, figuration, mise en scène), en la puesta en escena. Lo que para Kant se pone en escena, a través de y gracias a la belleza, es el sujeto mismo. En la experiencia de lo bello el sujeto se pone en escena en la medida en que se ponen en juego la versión teórica y la práctica. Para Kant esto puede producirse en lo bello del arte, de la cultura o de la naturaleza, pero en cada caso se trata de una presentación malograda[3] o, al menos, negativa. El problema que tienen que asumir tanto los románticos como el idealismo especulativo es casi la reconstrucción de la filosofía. El único sustento que Kant dejó a la filosofía es ese sujeto carente de unidad, identidad y sustancia. Sin embargo, hay que reconocer que también dejó abiertas algunas posibilidades para emprender esta tarea; la tarea de reconstruir o reconciliar el sujeto. El romanticismo optará por la vía que él mismo concibió: la estética.

Antes de estudiar cuál es la propuesta específica del romanticismo hay que examinar el problema del idealismo especulativo en el que aquélla se inscribe. El programa está algo resumido en el epígrafe de la obertura de L’absolu littéraire: “He aquí cuáles parecen ser, luego de la exposición completa del idealismo crítico, que se encuentra siempre en primer lugar, los más importantes desiderata de la filosofía: una lógica material, una poesía poética, una política positiva, una ética sistemática, una historia práctica”[4]. Este es el plan general de lo que se espera del idealismo crítico. Ahora, lo más importante de este programa del idealismo crítico es su exposición completa y ella empieza por el sujeto. Para que el sujeto pueda ser la base de todo el sistema filosófico es evidente que tiene que recuperar su unidad, su identidad y sustancialidad. El sujeto recupera su unidad si se concibe como un sujeto completamente libre y que, en cuanto libre se represente como tal. De este modo es posible superar la división en teórico y práctico pues al sujeto completamente libre no se le imponen las representaciones, como lo formuló Kant. “La primera idea es, naturalmente, la representación de sí mismo como un ser absolutamente libre”[5]. Comenzar por este sujeto soluciona, o mejor, resuelve el problema de la unidad porque ya no se puede pensar el sujeto según las dos versiones kantianas. En otras palabras, al sujeto teórico ya no se le imponen las representaciones porque el mundo se pone como obra del sujeto mismo. Como un mundo que se constituye de acuerdo con la libertad absoluta del sujeto. Y también el sujeto práctico deja de ser vacío, él mismo genera su contenido. El sujeto absolutamente libre remedia el problema de la unidad y recoge dentro de sí aquello que Kant había dividido. Después de haber puesto el sujeto absolutamente libre como creador u ordenador del mundo, la ética, la historia y la religión tienen que ajustarse a su libertad, la de “todos los espíritus que llevan dentro de sí el mundo intelectual”[6].

Después de realizar estas operaciones, lo que sigue en el plan del idealismo crítico es abarcar orgánicamente la totalidad de las ideas en La idea. Esta es la idea de belleza, que funciona tal como funcionaba y operaba la idea del bien en el sentido platónico. La belleza es la idea que recoge dentro de sí y organiza las demás ideas. En este punto entra en juego el romanticismo; es el romanticismo el que introduce el giro de la estética dentro del programa del idealismo crítico. La ejecución o consumación de la filosofía del espíritu sólo puede, para él, producirse de modo estético. La belleza juega un papel central con respecto a todas las demás ideas, ella se eleva por encima de y conjuga los demás ámbitos del sujeto-sistema, y también sobre la verdad y la bondad. La idea de belleza y su consumación ponen en movimiento la realidad total de las ideas, se trata de la vida del espíritu. Ahora, en la medida en que el sujeto absolutamente libre es creador u ordenador del mundo, la belleza obtiene su realidad, y por tanto la posibilidad de reconocerse a sí misma, en los actos del sujeto. El acto supremo en que se consuma la filosofía como y se da realidad a la idea de belleza es la obra de arte. Es en este punto donde entra la necesidad de la exposición del sistema o, en otras palabras, de su presentación: se trata precisamente de su Darstellung. Esta vez el término no es equívoco como sí lo era en Kant, según lo observaban Lacoue-Labarthe y Nancy, la Idea no se presenta ni de manera negativa ni malogradamente. Es una necesidad porque así el sujeto puede recuperar su identidad. El éxito del programa depende, como se vio, de la unidad e identidad del sujeto, que consiste en la posibilidad del “autoreconocimiento de la Idea como forma propia del sujeto”[7]. En esto consiste la especulación: es la posibilidad de la idea, como forma propia del sujeto, de reconocerse a sí misma en su presentación. Presentación que, evidentemente, ella misma tiene que llevar a cabo como su obra. “La vida implicada en este momento es la vida bella y el organismo en el que ella tiene lugar y al que ella anima (…) es, esencialmente, la obra de arte. (…) La filosofía tiene que consumarse en la obra de arte; el arte es el organon especulativo por excelencia”[8]. Este es el camino que se abre el romanticismo en medio del idealismo especulativo: el de la literatura como obra de arte.

Antes de continuar es pertinente recordar que lo anterior es apenas un programa, le plus ancien programme systématique de l’idéalisme allemand (el más antiguo programa del idealismo alemán). De hecho, Lacoue-Labarthe y Nancy mencionarán en repetidas ocasiones que el programa no se consumó por completo. El problema que Kant ofreció a la filosofía, la crisis que generó, más que inspirar un sistema, despertó lo que aquéllos llaman la voluntad de sistema. “El hiato introducido en el corazón del sujeto mismo habrá exacerbado (…) la voluntad de sistema”[9]. Para el romanticismo el programa de sujeto-sistema queda siempre inacabado e inalcanzable, y es hasta cierto punto irrealizable.

Así las cosas, lo que hay que estudiar es en qué sentido y de qué manera la literatura en el romanticismo es la presentación o la puesta en escena del absoluto o, lo que es lo mismo, de la Idea, del sujeto-sistema. Por supuesto, el romanticismo se acerca y se distancia en otros lugares del idealismo especulativo, lugares que irán apareciendo a medida que se exponga la lógica interna del romanticismo. Una palabra que se usa en el texto para describir la relación que tiene el romanticismo con la filosofía es que aquél es un décalage con respecto a ésta. Décalage podría traducirse por descuadre o desencaje, pero además esta palabra implica un desplazamiento en este no cuadrar. En su sentido literal la palabra significa quitarle a un mueble un pedacito de alguno de los soportes que lo mantiene estable. Aquella lógica interna depende de los factores antes mencionados: del fragmento, de la symphilogophie y del Witz. El género de los románticos es el fragmento, lo que no quiere decir que no hayan escrito en diferentes formas, pero es, si se quiere, la forma de la presentación del romanticismo. La escogencia del fragmento como género del romanticismo no es gratuita, está estrechamente relacionada con la voluntad de presentar el sistema. Lacoue-Labarthe y Nancy advierten que no en vano escogieron el programa como texto de obertura para su libro, en él se asoman todos los factores: es un fragmento (y ya se verá qué significa que lo sea), lleva algo de la symphilosophie y tiene un componente del Witz. Se trata de un texto en cuya elaboración, por impreciso que sea, puede decirse que participaron Hegel, Schelling y Hölderlin. Algo tiene de Witz pues la tarea misma que están desarrollando quienes lo escogieron para la obertura puede atribuirse a esa especie de saber para el que ni el español ni el francés tienen una traducción acertada (el término evoca el ingenio o la perspicacia que hay en el humor).

La Syphilosophie y el witz se desarrollan a partir del fragmento, o mejor, el pensamiento sobre aquellos se desarrolla a partir del pensamiento sobre el fragmento. Lo primero que se puede decir sobre el fragmento es que es un fragmento, es decir, es una fracción de algo. Para los románticos se trata justamente de algo distinto lo que es relevante en el fragmento, lo relevante no es la fractura o el rompimiento que se produjo con el algo de que formaba parte, el fragmento romántico, cabe señalar, es intencionalmente fragmento. El fragmento romántico tiene una forma autónoma, una forma que depende de sí mismo y no del quiebre que lo generó. Pensar en el fragmento también evoca el concepto de ruina, el fragmento es, en cierto sentido, una ruina. En tanto ruina, el fragmento recuerda y evoca aquello de lo que es ruina, aquello de lo que ahora es sólo in vestigio. El fragmento (rappèle, para usar la palabra de Lacoue-Labarthe y Nancy) hace un llamado de aquello de lo que era parte. De este modo, el fragmento es a la vez presencia, en tanto que es autónomo y tiene una forma independiente, y es ausencia en la medida en que hace un llamado de eso de lo que ya no forma parte. La lógica del romanticismo se va a desarrollar desde esta doble función paradójica del fragmento.

El fragmento romántico, como forma necesaria en la que se presenta el sistema, dice algo del sistema mismo. El fragmento evoca la totalidad del sistema, muestra su ausencia de una manera negativa, pero a la vez él mismo es una especie de esbozo del sistema, él es positivo pues lleva en sí algo de lo que el sistema es. En este sentido el fragmento romántico no pretende ni puede consumar la totalidad del sistema pero tampoco es simplemente un pedazo. El fragmento tiene un valor por sí mismo que no le es dado por ser fragmento de algo sino en virtud de que es autónomo[10] además, el fragmento es esencialmente algo inacabado, algo no consumado y en este sentido puede ser comparado con un proyecto. Así, el fragmento es a la vez proyecto de aquello que él no consuma. Y cómo el fragmento lleva en sí algo de lo que el sistema es, resulta que lo que proyecta es también realizado en él de un modo inmediato. Más adelante el fragmento se identificará con una semilla, pensamiento que va de la mano con su carácter de proyecto. “El fragmento funciona simultáneamente como resto de individualidad y como individualidad”[11]. El fragmento es una individualidad orgánica independiente, por lo que también es una pequeña obra de arte. No es difícil ver que para el romanticismo esto tiene implicaciones con respecto a la voluntad de consumar el sistema, con respecto a la consumación de la Idea. El fragmento es una pequeña obra de arte, un llamado a la Obra que es el acto supremo en que se consuma la filosofía. Esto quiere decir que a pesar de que el fragmento es autónomo a la vez éste también necesita de la Obra a la que hace un llamado y en virtud de la cual es él mismo pensado como pequeña obra de arte, con todo lo que esto implica.

Ahora bien, el fragmento está inmerso en una totalidad, no sólo con respecto a la Obra, sino con respecto a la obra fragmentaria. El fragmento, como género literario del romanticismo, no es la escritura de un fragmento, al contrario, escribir en ese género implica escribir una pluralidad de fragmentos. A su vez, esto tiene implicaciones con respecto a la Obra. La obra fragmentaria está compuesta por una pluralidad de fragmentos y cada uno de ellos es, según el fragmento 206[12], un erizo, es decir, una pequeña obra de arte y un individuo orgánico que se desprende del todo. Pero al mismo tiempo se dice que la obra del romanticismo es una obra fragmentaria. De manera que se afirma tanto la pluralidad de los fragmentos como la totalidad y unicidad de la obra. Ahora bien, la totalidad que componen los fragmentos consiste en cada uno de los fragmentos y en el todo que ellos conforman, en la coexistencia libre e igual de todos los fragmentos como individuos orgánicos y el todo. Esto evoca de cierta manera el concepto de vida, cada individuo orgánico lleva la totalidad en sí pero a la vez hace referencia a la totalidad de los individuos con los que coexiste, de modo que hay cierta organicidad en el todo. De igual manera que aquello de lo que algo es fragmento está presente de un modo inmediato en el fragmento, la totalidad fragmentaria presenta de un modo inmediato el sistema, así se trate de su ausencia. La totalidad fragmentaria tiene cierta organicidad pero no se trata por ello de un sistema en sentido estricto y esto se debe a que en la obra fragmentaria hay una voluntad de asir la Obra en su totalidad inmediata. “El absoluto era, en todo caso, el sistema en la figura del arte. Pero él no buscaba el absoluto de manera sistemática, él buscaba, inversamente, asir el Sistema de manera absoluta. Y es por esta razón, porque se debe asir absolutamente el Sistema, que el fragmento como individualidad orgánica implica la obra, el órganon[13]. Este es un punto en el que el romanticismo se distancia del idealismo especulativo.

Hay otro aspecto de la obra fragmentaria que hay que resaltar. El fragmento, nuevamente, al ser fragmento de algo muestra la ausencia de aquello de lo que es fragmento. Y ahora sí se puede hacer énfasis en el quiebre sin olvidar que la figura del fragmento le pertenece de suyo. El quiebre marca también el límite de lo que está ausente, y de esta manera produce también una especie de figura de aquello que está ausente. El fragmento como género del romanticismo marca no sólo la ausencia de la Obra sino también la imposibilidad de su consumación. Pero dado que es precisamente obra fragmentaria, marca el límite de su ausencia y produce así la figura de la Obra no consumada. La obra fragmentaria produce el contorno de la Obra, no obstante, ella está ausente. El fragmento, como se dijo en un principio, es también ausencia pero es también, de una manera negativa, aquello que va más allá de sí. Una parte constitutiva del fragmento es lo que él no es, lo que está fuera de sí. El hors-d’oeuvre (lo que está fuera de la obra) también opera en el fragmento. Es así como, en un sentido no consumado, la Obra siempre está ausente, así la obra fragmentaria le esté haciendo un llamado. En el fragmento obra la fuerza productora, la fuerza que organiza, la fuerza que hace obrar la Obra en la obra mediante su llamado y su individualidad orgánica.

El fragmento puede mirarse aún desde otro punto de vista: en el momento de su creación. Esta producción del fragmento, dejando de lado por ahora la cuestión de la symphilosophie, tiene un aspecto inusual y consiste en que la creación del fragmento lo sustrae de la Obra, de la totalidad orgánica. Cuando se crea el fragmento, éste se desprende de la totalidad de la que hacía parte. De modo que desde su origen pierde aquello que siempre ha de llamar, que siempre ha de desear recuperar. Su creación es justamente el quiebre o la destrucción de aquello que el fragmento siempre reclamará que sea reconstruido. El fragmento reclama e incita a reconstruir. Desde su origen los fragmentos se sustraen de lo orgánico, de la Obra, y por esta razón el fragmento que reclama e incita a reconstruir se presenta apenas como un fragmento, como una semilla desde la cual hay que reconstruir la totalidad para poder ser entendido como un fragmento. El fragmento sólo puede ser comprendido desde la totalidad que él evoca, pero hay que comenzar desde el fragmento o, mejor, desde la obra fragmentaria. Cabe señalar y, en cierto sentido, repetir que no por azar el género literario del romanticismo es el fragmento y que éste se presenta como obra fragmentaria. Esta forma de presentarse es necesaria en la medida en que la Obra no es una totalidad acabada; necesidad que tiene su raíz en que la Idea se presenta y se reconoce a sí misma en una obra fragmentaria porque ella misma está inacabada, ella es un reconocerse en el proceso de presentarse a sí misma.

Ésta es la última faceta del fragmento. El romanticismo tiene su feliz comienzo en el fragmento. Es un feliz comienzo porque el fragmento presupone la totalidad y hace un llamado a la totalidad, es manifiestamente la totalidad perdida, es fragmento. “El órganon romántico agrava, si se puede decir, aún más su caso en que su concepto, su misma concepción, en su sistema seminal, es dado en fragmentos y por lo tanto nuevamente es dado, a pesar de todo, en sub-obra. La organicidad del fragmento también designa la fragmentación del órganon y –en lugar del proceso puro de crecimiento– designa la necesidad de reconstruir la individualidad orgánica al mismo tiempo que hay que construirla”[14]. Es, en cualquier caso, un comienzo feliz porque el fragmento supone y presenta la totalidad, aunque lo que presente sea su ausencia y la necesidad de su reconstrucción. Es una semilla a pesar de que exija la reconstrucción y que su crecimiento no brote de sí misma sin más. Su imposibilidad de crecimiento reside en la inmediatez con que se presenta tanto a sí mismo como la ausencia de aquello de que formaba parte. Los fragmentos se convierten entonces, dado que demandan esta reconstrucción, en una agrupación caótica que pide ser organizada. La obra fragmentaria siempre será una obra en proceso. La obra fragmentaria se convierte en “l’amas bariolé des trouvailles”[15]. Amas significa agrupación de cosas diversas, como un montón de objetos variados, bariolé significa cubierto de colores disparatados y trouvailles significa encuentros felices y alegres. La obra fragmentaria es un montón de serendipias coloridas, un amas bariolé des trouvailles, en otras palabras, la obra fragmentaria es el feliz encuentro de una pluralidad dispersa y diversa de fragmentos que reclaman la organización y la reconstrucción de la Obra desde sí.

Articulados en esta lógica del fragmento también se encuentran las symphilosophie y el Witz. Puede decirse que la symphilosophie concierne a la creación del fragmento mientras que el Wtiz atañe a la reconstrucción de la totalidad desde el caótico amas bariolé des trouvailles.

Hay un aspecto que es pertinente resaltar de la symphilosophie y es que, en cuanto método, guarda una estrecha relación con la producción de la verdad de los fragmentos. Hay, en la actividad de hacer filosofía en comunidad, cierta naturalidad del surgimiento de los fragmentos. Esa comunidad consiste en algo muy similar, si no es lo mismo que, a la totalidad de los fragmentos; consiste en la coexistencia libre e igual de todos los individuos orgánicos y del todo que ellos conforman. Dicen Lacoue-Labarthe y Nancy que la filosofía en comunidad también se asemeja a la totalidad fragmentaria en que la totalidad del sistema o la verdad surge del amas bariolé des trouvailles, de la amistad, de la mezcla, del intercambio. Este es el diálogo que surge de la filosofía en comunidad: una mezcla, un intercambio, un conjunto de fragmentos dispersos y diversos, no un conjunto de ideas organizadas de manera sistemática. “Luego, la verdad del fragmento no está del todo en la « progresividad » infinita de la « poesía romántica », sino en el infinito en acto, que se da a través del dispositivo fragmentario, del proceso mismo de la verdad”[16].

En tanto que la obra fragmentaria se convierte en amas bariolé des trouvailles para quien en efecto se lo encuentre esa obra fragmentaria exige el Witz. La obra fragmentaria se vuelve un conjunto de fragmentos caótico que exige una reconstrucción. La totalidad, la Obra, el sistema y la organicidad se encuentran en los fragmentos en le caos y los fragmentos mismos exigen la reconstrucción de aquello de lo que fueron sustraídos. Los fragmentos reclaman una fuerza productora que reconstruya con ellos y más allá de ellos lo que perdieron, lo que está ausente. Es por esto que entra en la consideración un sujeto que no es otra cosa que la operación que produce orden a partir del caos. Es un conjunto organizador que genera lo orgánico o, mejor, que anima y da vida a la organicidad de la obra fragmentaria. El sujeto que tiene la capacidad de hacer esto es aquél que posea Witz, ese saber distinto del saber analítico discursivo, esa genialidad fragmentaria (Witz, como se dijo anteriormente, es una suerte de perspicacia o ingenio relativo al humor que, podría ser, se caracteriza por la audacia de reconocer aquello que no está explícito). El Witz tiene además la capacidad de crear en un instante, en un relámpago, a partir del caos, esa organicidad. Este saber es capaz de encontrarse con la cantidad de fragmentos coloridos y de ver cómo en ellos se puede crear, se puede dar vida a un sistema. “El Witz es un saber ver inmediato, absoluto; es la vista que ha sido otorgada al punto ciego del esquematismo y es la vista que se sumerge, por consiguiente, directamente en la capacidad productiva de las obras”[17]. El Witz es finalmente la fuerza productiva que le da vida a la obra fragmentaria y lleva a cabo el acto supremo en que la filosofía se consuma. Puede que Lacoue-Labarthe y Nancy no tengan el saber-ver, pero se trata de un buen ejemplo en que se da vida a los fragmentos y se construye con ellos un sistema, una totalidad.

 

La vida de la obra fragmentaria transcurre y se desarrolla una y otra vez en el fragmento, la symphilosophie y el Witz.

Notas:

[1] Lacoue-Labarthe, Philippe. Nancy, Jean Luc. L’absolu littéraire. Paris: Seuil, 1978. p. 54. (cita de “le plus ancien programme systématique de l’idéalisme allemand”. La versión en inglés no incluye este texto.)

[2] Ibid. p. 42. Versión en inglés. p. 29. La versión en inglés traduce el verbo commander por control, traducción con la que no estoystoy de acuerdo. Commander significa dirigir, guiar, estar en cabeza de.

[3] Cfr. Ibid. p. 45. Versión en inglés p. 32.

[4] Ibid. p. 39. Versión en inglés p. 27.

[5] Ibid. p. 53. (cita de “le plus ancien programme systématique de l’idéalisme allemand”. No tengo versión en español, de modo que doy mi traducción del texto en francés.)

[6] Ibid. p. 53.

[7] Ibid. p. 47. Versión en inglés p. 33.

[8] Ibid. pp. 49-50. Versión en inglés p. 35. (En francés no hay una o: “The organism which it animates and within wich it occurs”)

[9] Ibid. p. 46. Versión en inglés p. 32.

[10] El verbo francés achever está traducido en la versión en inglés por complete, yo escojo traducirlo por consumar porque entiendo por achever la connotación de llevar a cabo algo.

[11] Ibid. p. 63. Versión en inglés p. 43.

[12] Ibid. p. 63. Versión en inglés p. 43. “Semejante a una pequeña obra de arte, un fragmento debe estar totalmente desprendido del mundo que lo rodea y estar cerrado sobre sí mismo como un erizo”.

[13] Ibid. p. 67. Versión en inglés p. 46.

[14] Ibid. p. 71. Versión en inglés p. 50.

[15] Ibid. p. 74. Versión en inglés p. 52. Es una traducción al inglés particularmente mala “Motley heap of sudden ideas”. No refleja la idea en francés.

[16] Ibid. p. 66. Versión en inglés p. 46.

[17] Ibid. p. 73. Versión en inglés p. 52.

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