EL FISICALISMO Y LOS DOGMAS DEL EMPIRISMO.

 

César Augusto Quintero Buriticá   

Estudiante de filosofía

Universidad de los Andes

     

 

  1. Introducción.

Si bien el Círculo de Viena se caracterizó por su rotundo rechazo de los enunciados metafísicos, como también por su objetivo común de lograr una ciencia unificada, no se puede considerar como un movimiento homogéneo. Su diversidad de apreciaciones filosóficas será clave para comprender la distancia entre las propuestas de Carnap y Neurath, como también los cambios del criterio verificacionista del significado a partir de la crítica que hace Quine al empirismo lógico. La base del criterio de verificabilidad consiste en que “para que un enunciado tenga significado, en el sentido cognoscitivo, debe ser empíricamente verificable” (Ashby, 1983, p. 121). Por lo tanto, los enunciados de observación o las proposiciones protocolares serán válidas siempre que puedan ser confirmadas a partir de datos de la experiencia. El problema que se deriva de ello consiste en el carácter privado de la experiencia que confirmaba las proposiciones protocolares; es decir, si las proposiciones protocolares describen datos de la experiencia, estos datos estarán reservados a quien experimenta sensiblemente dichos datos. El problema del carácter solipsista de las proposiciones protocolares se soluciona a partir de la tesis fisicalista. Esta afirma que “toda oración significativa de cualquier lenguaje o ciencia puede ser traducida a oraciones del lenguaje de la física; es decir, el lenguaje de la física es universal” (Ibídem, p. 141). De esta manera se logra brindar al criterio de verificabilidad un carácter intersubjetivo, comunicable de la experiencia.

No obstante, ¿son acaso semejantes los fisicalismos de Carnap y Neurath?, ¿si no es así, en qué difieren?, ¿es la crítica de Quine al reduccionismo lógico válida para los dos? Para responder a dichos interrogantes el escrito se dividirá en cuatro partes: primera desarrollará la concepción fisicalista de Carnap a partir de Filosofía y sintaxis lógica. La segunda trabajará la concepción fisicalista de Neurath a partir de Proposiciones protocolares. En ambas partes se buscará responder a la pregunta de si ¿son las tesis de Carnap y Neurath sobre el fisicalismo posiciones sobre el lenguaje o sobre el mundo?  La cuarta parte analizará la manera como ambas tesis fisicalistas incurren en los dogmas del empirismo que desarrolla Quine en Dos dogmas del empirismo.

 

  1. Carnap y el fisicalismo.

El proyecto epistemológico de Carnap es heredero tanto de la concepción de filosofía como actividad heredada del Tractatus, como del proyecto formalista desarrollada por Hilbert para la matemática. En 4.112 Wittgenstein dice que “la filosofía es la aclaración lógica del pensamiento. Filosofía no es una teoría, sino una actividad” (Wittgenstein, 1994, p.56). Es a esta manera de hacer filosofía a la que Schlick atribuye el viraje de la filosofía contemporánea. En efecto, “el camino hacia tal claridad parte del hecho de que todo conocimiento es una expresión, una representación” (Schlick, 1965, p. 61). Representaciones cuya significatividad cognoscitiva se establece mediante el acto de verificación, “el acaecimiento de un hecho definido comprobado por la observación, por la vivencia inmediata” (Ibídem, p. 62). La concepción de la actividad filosófica de Carnap tiene la misma orientación: “lo que confiere significado teórico a un enunciado no son las imágenes y pensamientos concomitantes, sino la posibilidad de deducir de él enunciados perceptivos. En otras palabras, la posibilidad de verificación” (Carnap, 1965, p. 296-7). El análisis lógico debe por lo tanto establecer las reglas formales del lenguaje, prescribir la manera como elaboramos (reglas de formación) e inferimos (reglas de transformación) enunciados válidos (verificables). A partir de su caracterización de oraciones de objeto, oraciones de pseudo-objeto y oraciones sintácticas, Carnap establece la distinción entre el modo material y el modo formal de hablar. Es a partir del uso inadecuado del primero que se elaboran enunciados propiamente metafísicos, aquellos cuyo significado no puede establecerse a partir del criterio de verificación. El formalismo del análisis lógico es metodológico en tanto permite regular la manera más adecuada de formular enunciados, dando cuenta de las insuficiencias propias del modo material de hablar, pero esto no quiere decir que Carnap prescinda completamente de los contenidos de la experiencia, ya que estos últimos son los que garantizan el sentido de un enunciado observacional.

La anterior reseña de la sintaxis lógica y la actividad filosófica en Carnap es clave para comprender que entiende este último por fisicalismo. La filosofía no se ocupa propiamente de contenidos ya que las oraciones de objeto son un rasgo distintivo de las ciencias. La filosofía no se ocupa del mundo sino del análisis sintáctico del lenguaje. Por dicha razón el fisicalismo en Carnap no es una posición sobre el mundo sino sobre el lenguaje, se escoge precisamente el lenguaje físico porque este incorpora a su cuerpo teórico contenidos comunes a los demás campos científicos. En palabras de Carnap, “toda oración de cualquier rama del lenguaje científico es equipolente a alguna oración del lenguaje físico” (Ibídem, p. 331), es decir, las oraciones del lenguaje científico y las oraciones del lenguaje físico comparten el mismo contenido, el cual no vendrá dado por su necesidad lógica (analiticidad) sino por su conformidad a reglas extra-lógicas (términos –P).

El rasgo distintivo del fisicalismo de Carnap consiste en la característica atomista, por llamarlo de alguna manera, del criterio de verificación. Los enunciados observacionales se verifican aisladamente mediante la experiencia[1]. En el ejemplo que brinda Carnap en su texto, la oración psicológica “A las diez en punto el señor A estaba airado”, tiene una oración equivalente en el lenguaje físico, a saber “A las diez en punto, el señor A estaba en un determinado estado físico caracterizado por la aceleración de la respiración y el pulso, por la tensión de ciertos músculos, por la propensión a determinada conducta violenta, etc.”. El criterio que está a la base de la equipolencia de la oración psicológica y la oración física es el de traducibilidad. En efecto, las cualidades físicas observables se corresponden con el estado psicológico descrito, al ser empíricamente constatable no altera ni pasa por alto el criterio de verificación. No obstante, aquí se da la correspondencia uno a uno, ya que al estado psicológico le corresponde un determinado estado físico. Ahora bien, por qué razón se puede asegurar que son esas cualidades físicas las que se corresponden con determinado estado psicológico y no otras. Para Carnap, la tesis fisicalista asegura dicha correspondencia ya que no se puede predicar estados psicológicos que no sean constatables mediante la experiencia, incluso los estados mentales que se aprecian mediante introspección o se manifiestan a través de expresiones lingüísticas se pueden exteriorizar, por lo tanto pueden describirse físicamente.

La importancia para Carnap del fisicalismo, y su relación con el criterio de verificación, estriba en que esta garantiza la unidad de la ciencia. Si todas las oraciones del lenguaje natural, o de lenguajes científicos específicos, pueden traducirse al lenguaje de la física, este último se entiende como un lenguaje científico universal. Por lo tanto, la filosofía entendida como análisis lógico no se ocupa de verificar experimentalmente los contenidos de las afirmaciones de las disciplinas científicas, sino de que su estructura formal preserve el criterio de verificación, es decir que sean enunciados con significado en tanto puedan ser corroborados a través de la experiencia. Pero, una experiencia particular que confirme la veracidad o falsedad de un enunciado observacional particular.

 

  1. Neurath y el fisicalismo.

Neurath como miembro del Círculo de Viena comparte el ideal de una ciencia unificada. Por su parte considera que el lenguaje de la ciencia unificada puede ser tan impreciso como el lenguaje natural habitual, por lo tanto a diferencia de Carnap rechaza un lenguaje científico universal por considerarlo una especie de ficción metafísica. El lenguaje físico puede parafrasear el lenguaje natural, pero dicha paráfrasis es bidireccional, es decir no puede reducirse un lenguaje completamente al otro. Para Neurath, el criterio de verificación  va más allá de la mera serie de experiencias y observaciones que brinda significado a un enunciado, es también un protocolo que establece los pasos necesarios para que un enunciado sea significativo cognoscitivamente. Todos los enunciados fácticos –no lógicos-, los enunciados del lenguaje natural y las proposiciones protocolares siempre son susceptibles de confirmación, y dicha confirmación es intersubjetiva, por lo tanto no puede haber un lenguaje privado como base de toda verificación posible. Como lo menciona en Sociología en fisicalismo, “la ciencia unificada expresa todo el lenguaje unificado, común al ciego y al vidente, al sordo y al que oye. Es intersensual  e intersubjetivo. Conecta los enunciados que el monologuista hizo hoy con sus enunciados de ayer, los enunciados que hace cuando cierra los oídos con aquellos que hace cuando los abre”. (Neurath, 1965, p. 291).

El criterio característico que está a la base del fisicalismo de Neurath es holista, en contraposición al atomista de Carnap. Neurath considera que los enunciados sobre la experiencia directa pueden contradecirse, el holismo semántico implica que para conocer una proposición protocolar debo conocer todas las demás proposiciones. La verificabilidad no se reduce solo a la confirmación empírica sino que involucra una conexión lógica entre enunciados de la experiencia. En palabras de Neurath: “Cuando se nos muestra una proposición, la comparamos con el sistema de que disponemos, y averiguamos si la nueva proposición se halla o no en contradicción con el sistema. En caso de que la nueva proposición se halla o no en contradicción con el sistema, la podemos eliminar como inútil (…) La eliminación como destino puede acaecerle también a una proposición protocolar.” (Neurath, 1965, p. 209).

Neurath critica el atomismo epistemológico de Carnap porque en el lenguaje de la experiencia aparecen términos cuya comprensión requiere la comunicación con otros. Por lo tanto para Neurath no puede haber protocolos atómicos ya que estos parten 1) de una división tajante entre lenguaje y mundo, y 2) porque rechazan rotundamente cualquier proposición obtenida indirectamente, es decir, que no se obtiene mediante una verificación directa de la experiencia. Ahora bien, ¿cómo entiende Neurath el fisicalismo? La tesis fisicalista de Neurath no se sostiene, como en Carnap, en la idea de un lenguaje primario que sirva como base de la ciencia unificada a partir de su traducibilidad (el lenguaje físico).

El fisicalismo en su formulación más radical consiste en exponer que hay proposiciones protocolares y no-protocolares. Las primeras se caracterizan por ser fácticas y requieren de un nombre asociado de una manera específica con otros términos. Las segundas son verdades lógicas (tautologías), por lo tanto son analíticas al prescindir de cualquier contenido sintético proveniente de la experiencia. La base fisicalista de la proposiciones protocolares no consiste en su conformidad con un lenguaje estrictamente físico, sino que se da en la posibilidad de sustitución de determinaciones fácticas por otras expresadas en términos altamente científicos (Ibídem, p. 208). La ciencia como empresa cultural, histórica y social se caracteriza por sustituir unos conceptos por otros con el fin de lograr mejores explicaciones. “Cada ley y cada proposición física de la ciencia unitaria o de una de sus ciencias fácticas puede sufrir tal transformación. Lo mismo vale para cualquier proposición protocolar” (Ibídem, p. 209).

Por lo tanto, el fisicalismo de Neurath es holista por las siguientes razones: 1) No prescinde de la historicidad y las cualidades socioculturales del dialecto científico, lo que no hace a las proposiciones protocolares meros reductos de la experiencia individual. 2) El lenguaje se entiende a partir de los criterios de comunicabilidad e intersubjetividad, por lo tanto toda verificación de una proposición protocolar implica continuidad y no puede verificarse aisladamente de otras proposiciones. 3) El fisicalismo parte de una interpretación general del lenguaje, por lo tanto el lenguaje natural no está subordinado al lenguaje físico como en Carnap, sino que están unificados desde el principio y sus términos pueden sustituirse entre sí. A partir de lo anterior, ¿es el fisicalismo de Neurath una posición sobre el lenguaje o sobre el mundo? El modelo de las proposiciones protocolares no requiere un lenguaje básico para la concreción del proyecto de la ciencia unificada, por ende no requiere la distinción tajante entre lenguaje y mundo. Experiencia y lenguaje son concomitantes, ya que el lenguaje se modifica y transforma a partir de sus usos. Como la experiencia hace parte del mundo, se deduce que el lenguaje hará parte de este también. Por lo tanto, el fisicalismo holista de Neurath es igualmente una posición sobre el lenguaje, entendiendo este último como parte del mundo.

 

  1. Quine, el fisicalismo y los dogmas del empirismo.

A partir del análisis anterior se comprende que la crítica que Quine hace al dogma del reduccionismo es válida para Carnap pero no para Neurath. Precisamente porque las apreciaciones que ambos tienen sobre el fisicalismo son centrales pero no idénticas. Como bien lo precisa Creath, Quine identifica a Carnap como la personificación culminante del desarrollo del empirismo (y de sus dogmas), mientras que la omisión de Neurath permite apreciar sus considerables similitudes (Creath, 2007). No obstante, Neurath no está totalmente exento de la crítica de Quine porque en Proposiciones protocolares incorpora la distinción entre lo analítico y lo sintético. Si bien su fisicalismo holista lo inmuniza ante las críticas reduccionistas, la incorporación de dicha distinción permite apreciarlo como un empirista dogmático según Quine.

En Dos dogmas del empirismo, Quine precisa que “el reductivismo radical, concebido con los enunciados como unidades, se pone la tarea de especificar un lenguaje de los datos sensibles y de mostrar la forma de traducir a él, enunciado por enunciado, el resto del discurso significante” (Quine, 1995, p. 237). En otras palabras, el fisicalismo atomista de Carnap refleja el reduccionismo al intentar verificar cada enunciado a partir de una determinada experiencia. El criterio de verificación entendido de esta manera, incorpora el dogma del reduccionismo a la teoría del conocimiento propia del positivismo lógico. Quine precisa que el dogma reduccionista se precisa con mayor claridad en el método de verificación adoptado por Carnap. Los enunciados observacionales se verifican a partir de la experiencia directa, en Filosofía y sintaxis lógica Carnap considera dos formas de verificación de enunciados: una directa a partir de la experiencia, y una indirecta a partir de otros enunciados ya verificados directamente. En el fondo, ambas formas de verificación parte de la suposición de experiencias elementales en las cuales a un enunciado le corresponde una experiencia directa. El proyecto cientificista de Carnap concibe la posibilidad de reducir todos los enunciados de la ciencia a proposiciones sobre la experiencia. Por lo tanto, la tesis del atomismo verificacionista recae en la creencia de que a cada enunciado sobre hechos del mundo le corresponde un solo suceso sensorial. Inclusive, el reduccionismo del atomismo verificacionista de Carnap parte de una arbitrariedad adicional: como precisa Quine, muchos conectores lógicos presentes en las construcciones lógicas se añaden pero no se definen.

Por otro lado, Carnap incurre en el segundo dogma del empirismo al considerar que todo enunciado sintético está asociado a un “único campo de acaecimientos sensoriales” (Ibídem, p. 238). Por lo tanto, el dogma del reduccionismo está íntimamente relacionado con el dogma de la distinción analítico-sintético. Hay enunciados cuyo valor de verdad se confirma a través de la experiencia directa, y otros a través de la sintaxis lógica del lenguaje, por esa razón la filosofía entendida como sintaxis lógica no puede prescindir de esta distinción entre lo analítico y lo sintético. Quine contrapone a la visión reduccionista de la experiencia de Carnap su visión holística, afirma que “nuestros enunciados acerca del mundo externo se someten como cuerpo total al tribunal de la experiencia sensible, y no individualmente” (Ibídem, 238-9). Incluso como lo afirma Schlick, la verificabilidad no es una propiedad de la experiencia sino de serie de experiencias. Pero Quine va más allá de la afirmación de Schlick, ya que el tribunal de la experiencia no permite separar los componentes lingüísticos de los componentes empíricos de los enunciados. Más aún, el carácter continuo de la experiencia requiere que ambos componentes se den conjuntamente, ya que no solo los hechos observables y constatables empíricamente validan o no los enunciados de la ciencia, sino también los usos del lenguaje científico y la sustitución de unos términos por otros en favor de su capacidad explicativa.

Cuando Quine afirma que “no hay enunciado alguno inmune a la revisión” está dejando entrever su similitud con las apreciaciones de Neurath, ya que este últimog igualmente afirma que “cualquiera puede someter a prueba sus proposiciones protocolares personales, lo mismo que las ajenas” (Neurath, 1965, p. 213). El fisicalismo holista de Neurath comparte por lo tanto la misma visión de Quine de una verificación de los enunciados observacionales a partir de la totalidad de la experiencia. El error en el cual incurre Neurath es en su aceptación de una distinción entre lo analítico y lo sintético. En efecto, Neurath dice que “las tautologías [v.g. 2 por 2 sean 4] se definen con proposiciones que informan qué efecto tienen las tautologías, agregadas como estímulos adicionales, en determinadas órdenes, bajo ciertas circunstancias” (Ibídem, p. 206). En el caso de una proposición protocolar de una oración imperativa, la adición de la tautología [2×2=4] no afecta el sentido de la orden. Por lo tanto, pese a precisar los errores en los cuales incurre Carnap al hablar de un atomismo verificacionista y la concepción solipsista de las proposiciones protocolares[2], Neurath incorpora en su discurso la diferenciación entre lo analítico y lo sintético.

A partir de lo expuesto hasta aquí, podemos responder a la pregunta de que los fisicalismo de Carnap y Neurath no pueden considerarse como equivalentes para Quine. Si bien Carnap incorpora en su elaboración ambos dogmas, y por su parte Neurath solo incorpora el segundo, no puede desconocerse las precisiones que hace Neurath de un fisicalismo holista que no reduzca el criterio de verificación a la mera comprobación uno a uno (un enunciado, una experiencia directa). Ahora bien, si el empirismo despojado de dogmas al cual quiere llegar Quine afirma que “todo enunciado puede concebirse como valedero en cualquier caso siempre que hagamos reajustes suficientemente drásticos en otras zonas del sistema” (Quine, 1995, p. 240), ¿cómo no comprometer la objetividad de la ciencia a partir de esta orientación pragmática? Quine concibe el esquema conceptual de la ciencia como el más apropiado como instrumento de conocimiento, la ciencia economiza conceptos y explicaciones al disponer de modelos teóricos más completos y universales, e igualmente posee un carácter predictivo y reproducible. Dichas cualidades no comprometen su objetividad, el criterio pragmatista sugiere disponer de cierto fundamento epistemológico, y no de otro, en virtud de su eficiencia explicativa y su capacidad de disponer apropiadamente del flujo de la experiencia. La ciencia escoge a los objetos físicos, y no a los dioses del Olimpo, en virtud de que los primeros “favorecen el manejo de la experiencia sensible” (Ibídem, p. 242).

Las ventajas de la epistemología naturalizada de Quine consisten en las aportaciones de otras disciplinas y prácticas a la formulación del conocimiento científico, como también las capacidades y limitaciones de los sujetos cognoscentes, integrando las dimensiones sociales e históricas del conocimiento científico (Rodríguez, 2001, p. 156-7). Dichas ventajas son posibles si consideramos, como dice Quine, “que todo hombre recibe una herencia científica más un continuo y agregado fuego de estímulos sensoriales; y las consideraciones que le mueven a moldear su herencia científica para que recoja sus continuos estímulos sensoriales son, si racionales, pragmáticas (Quine, 1995, p. 243). Dicha concepción a su vez comparte las precisiones de Neurath respecto a que las proposiciones de la ciencia pueden ser sustituidas en virtud de su eficacia explicativa, o de su verificación a la luz de otras proposiciones protocolares implicados en la red de la experiencia total. Como lo precisa acertadamente Hempel, “el significado cognoscitivo de un enunciado en un lenguaje empirista surge de la totalidad de sus relaciones con todos los demás enunciados del lenguaje y no con las oraciones observacionales solamente” (Hempel, 1995, p. 215). El proyecto de la ciencia empírica implica para su desarrollo un método de verificación que supere el reduccionismo.

 

  1. Conclusión

A manera de conclusión podemos decir que el fisicalismo de Carnap se caracteriza por ser atomista, ya que considera que las proposiciones de la ciencia pueden ser formuladas como proposiciones de la experiencia en virtud de la traducibilidad del lenguaje físico como lenguaje básico de la ciencia unificada. Por su parte, el fisicalismo de Neurath se caracteriza por ser holista, ya que si bien incorpora en la teorización de proposiciones protocolares la distinción entre lo analítico y lo sintético, concibe que las proposiciones fácticas no solo se verifican en virtud de su experiencia directa y privada, sino a partir del entramado de proposiciones conectadas e implicadas lógicamente en la totalidad de la experiencia. Por esos motivos, la crítica que Quine hace al reduccionismo es aplicable para Carnap y no para Neurath dado que sus apreciaciones sobre el fisicalismo no son equivalentes. Es tarea de la ciencia verificar el contenido de las afirmaciones sobre el mundo, mientras que el fisicalismo debe concebirse como una posición sobre el lenguaje, encargada de analizar lógicamente las proposiciones observacionales, asegurando su sentido a partir de su conformidad con el criterio de verificación. Ahora bien, dichas posiciones no serán idénticas en ambos autores. Carnap considerará la tesis fisicalista como la posibilidad de traducir las proposiciones de las demás ciencias y del lenguaje natural al lenguaje físico; mientras que Neurath considera la tesis fisicalista como interpretación del lenguaje en general, entendiendo este como parte del mundo y como empíricamente dado a partir de sus usos y apropiaciones, de ahí que sea necesario concebir el carácter intersubjetivo e intersensual del lenguaje con miras a garantizar un criterio de verificación mucho más abierto al proyecto de la ciencia unificada. La posición del fisicalismo de Neurath guarda entonces ciertas semejanzas con la propuesta de la epistemología naturalizada de Quine, en la cual partiendo de un empirismo sin dogmas se logre establecer el criterio pragmatista de la ciencia y su escogencia como mejor modelo epistemológico, que permita disponer de la totalidad de la experiencia a partir de su utilidad y pertinencia a determinados contextos.

Bibliografía:

Ashby R. W. El positivismo lógico. En: O’Connor D. J. Historia crítica de la filosofía occidental. VII – La filosofía contemporánea. Barcelona: Ediciones Paidós.

Carnap. Rudolf. (1935). Filosofía y sintaxis lógica. En: Ayer A. J. (1965). Positivismo lógico. México: Fondo de cultura económica.

Creath, Richard. (2007). Vienna, the City of Quine’s Dreams. En: Richardson, A & Uebel, T. (Eds.). Cambridge companion to logical empiricism. New York: Cambridge University Press.

Hempel, Carl. Problemas y cambios en el criterio empirista de significado. En: Valdés Villanueva, Luis (Ed.). (1995). La búsqueda de significado. Lecturas de filosofía del lenguaje. Madrid: Editorial Tecnos

Neurath, Otto. Proposiciones protocolares. En: Ayer A. J. (1965). Positivismo lógico. México: Fondo de cultura económica.

Neurath, Otto. Sociología en fisicalismo. En: Ayer A. J. (1965). Positivismo lógico. México: Fondo de cultura económica.

Quine, Willard. Dos dogmas del empirismo. En: Valdés Villanueva, Luis (Ed.). (1995). La búsqueda de significado. Lecturas de filosofía del lenguaje.  Madrid: Editorial Tecnos.

Rodríguez Alcázar, Javier. (2001). El legado de la epistemología naturalizada. En: Daimón, revista de filosofía, No 22. Recuperada de: http://revistas.um.es/daimon/article/viewFile/11241/10831

Schlick, Moritz. El viraje de la filosofía. En: Ayer A. J. (1965). Positivismo lógico. México: Fondo de cultura económica.

Wittgenstein, Ludwig. (1994). Tractatus Logico-Philosophicus. Ediciones Altaya: Barcelona.

Notas:

[1] Es en esta concepción atomista donde se puede apreciar la interpretación lógico-positivista que el Círculo de Viena hace de Wittgenstein, como lo precisa Ashby: “El Círculo de Viena interpretó esto en el sentido de que los signos primitivos deben referirse a objetos conocidos, y estos objetos son por definición aquellos que experimentamos directamente. Esto parecía conducir de manera inevitable a la suposición de que los enunciados elementales de Wittgenstein, que expresan proposiciones atómicas, son enunciados observacionales”. (Ashby, 1983, p. 120).

[2] “La afirmación de Carnap de que ‘cada sujeto solo puede adoptar su propio protocolo como base epistemológica’ no puede admitirse, porque la argumentación que se presenta en su favor no es sólida: “S1 puede, en realidad, utilizar también el protocolo de S2; y está utilización se vuelve particularmente fácil debido a la incorporación de ambos lenguajes protocolares en el lenguaje fisicalista”. (Neurath, 1965, p. 212).

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