El problema clásico de la justificación de los argumentos inductivos y la solución de la filosofía del lenguaje ordinario

Juan Fernando Álvarez Céspedes

Estudiante de la Universidad de Antioquia

juan.alvarez29@udea.edu.co

Abstract:

En este texto tengo dos objetivos: (i) esclarecer el problema clásico de la inducción y (ii) presentar y evaluar la solución que propone la filosofía del lenguaje ordinario de Peter F. Strawson. Para la consecución de estos objetivos divido el texto en cuatro secciones. En la primera sección explico qué es, en términos generales, un argumento inductivo y doy cuenta de lo que lo diferencia de los argumentos deductivos. En la segunda sección presento, por una parte, la formulación de David Hume del problema clásico de la inducción y, por otra, la solución que propone Strawson a tal problema. En la tercera sección evalúo algunas de las críticas que se han dirigido a la postura del mencionado filósofo del lenguaje ordinario. En la cuarta sección consigno las conclusiones que arroja el texto.

Palabras clave: inducción, pseudo-problema, Hume, Strawson y lenguaje ordinario.

  1. Argumentos: inducción y deducción

Por lo general un argumento es entendido como un “razonamiento” que se emplea para probar o refutar una tesis determinada; además, se suele considerar que un argumento puede o no convencer acerca de la falsedad o verdad de ésta (Cf. Ferrarter, 1994, p. 218). Pero, ¿qué es un “razonamiento”? ¿Cuáles son los componentes de un argumento? ¿Cuál es la pretensión de un argumento? Un razonamiento o argumento, como sugieren Díez & Moulines (1997), es un acto de habla que está compuesto por una serie de afirmaciones o proposiciones que tienen una pretensión determinada. Estas afirmaciones son o premisas o conclusiones y lo que se pretende es que las premisas apoyen o justifiquen la conclusión que se sigue de éstas. Ahora bien, a una proposición se le puede dar un valor de verdad; pero, a los argumentos no se les puede adscribir verdad o falsedad, sino que se puede decir que son válidos o inválidos. La validez de un argumento se da cuando la pretensión es alcanzada, es decir, cuando efectivamente las premisas apoyan la conclusión; si las premisas no apoyan o justifican la conclusión, entonces, el argumento no es exitoso, es decir, es inválido (Díez & Moulines, 1997, pp. 35-37).

De acuerdo con Díez & Moulines, un argumento puede ser deductivo o inductivo dependiendo del tipo de pretensión que se tenga con éste. Un argumento es deductivo cuando su pretensión consiste en que la verdad de las premisas apoye o justifique totalmente la verdad de la conclusión.[1] Un argumento es inductivo cuando su pretensión consiste en que la verdad de las premisas apoya sólo en cierto grado la verdad de la conclusión. Un argumento deductivo válido y un argumento inductivo válido cumplen, entonces, las respectivas pretensiones. Así pues, no puede ser el caso que un argumento deductivo válido tenga premisas verdaderas y conclusión falsa. Este aspecto de la validez deductiva muestra que tales argumentos no ofrecen información nueva. Dicho de otra manera, los argumentos deductivos sólo explican o hacen explícita cierta información, pues en las premisas ya estaba implícitamente contenida la conclusión.

En contraste, los argumentos inductivos son ampliativos o aumentativos, esto es, aportan y justifican información nueva, pues la conclusión ofrece más información de la que estaba contenida en las premisas. La validez de los argumentos inductivos es más problemática, debido a que ésta es gradual, las premisas pueden justificar en mayor o menor grado la conclusión, es decir, la hacen en mayor o menor medida probable. Algunas de las preguntas que cabe hacerse aquí son: ¿cómo es posible estar justificado al dar el paso de las premisas a la conclusión si ésta contiene mayor información que aquéllas? ¿Está justificada esta nueva información de la conclusión? Estas y otras preguntas serán abordadas en la siguiente sección.

  1. El “problema” de la inducción: Hume y Strawson

Como se ha sugerido, en los argumentos inductivos las premisas no implican la conclusión y son argumentos ampliativos o informativos. En el siglo XVIII David Hume planteó uno de los problemas clásicos de la inducción al reflexionar sobre asuntos como la probabilidad, la idea de conexión necesaria y, sobre todo, sobre la causalidad. Para Hume, la relación causa-efecto no está dada en el mundo, sino que es una relación que los humanos tienden a adscribirle a éste gracias al hábito o la costumbre:

Cuando miramos los objetos externos en nuestro entorno y examinamos la acción de las causas, nunca somos capaces de descubrir de una sola vez poder o conexión necesaria algunos, ninguna cualidad que ligue el efecto a la causa y la haga consecuencia indefectible de aquélla (Hume, 2002, p. 97).

Así pues, Hume plantea cierto escepticismo frente a una pregunta tal como ¿por qué deberíamos suponer que la acumulación de instancias de X que son Y da una buena razón para esperar que la próxima X que encontremos sea Y? En términos de Fogelin (1999), “llegamos al problema de la inducción planteando la siguiente pregunta: ¿cómo la experiencia de eventos que están consistentemente unidos en el pasado autorizan una inferencia según la cual éstos continuarán estando tan unidos en el futuro?” (p. 94). Para Hume es un error presuponer un principio de uniformidad en la naturaleza. Tal principio asume que la naturaleza no cambiará; sin embargo, Hume no encuentra una base para justificar este supuesto, es decir, no puede haber un argumento demostrativo que pruebe este supuesto, pues es concebible que el curso de la naturaleza cambie. Por tanto, no puede ser demostrado que la naturaleza no cambiará  (Hume, 1984, pp. 176-182). Por todo lo anterior el problema clásico de la inducción plantea que argumentos inductivos como el siguiente no tiene una justificación válida:

90% de las formas de vida biológica que conocemos dependen del agua para existir.

Por tanto, si descubrimos una nueva forma biológica de vida, probablemente dependerá del agua para existir.

En definitiva, el problema que sugiere Hume es el de la justificación de los argumentos inductivos: ¿estamos justificados al pasar de las premisas a la conclusión en los procedimientos inductivos? ¿Cómo pueden ciertos datos empíricos apoyar la veracidad de una hipótesis? En general, la pregunta difícil de responder es: teniendo en cuenta que en la naturaleza no hay un principio de uniformidad, ¿qué razones hay para creer que estamos justificados al ofrecer argumentos inductivos? Además, ¿qué razones hay para confiar en los argumentos inductivos? Si la respuesta es el hábito, la pregunta que se debe hacer ahora –y que se hace Strawson– es ¿puede el hábito estar racionalmente justificado? (Cf. Strawson, 1952, cap. 9, §II.7).

El problema que planteó Hume en el siglo XVIII ha sido ampliamente abordado y ha generado diferentes posibles formas de solucionarlo (Cf. Diez & Moulines, 1997, pp. 402-407). Hans Reichenbach (1938), por ejemplo, sostuvo que Hume planteó acertadamente que la justificación de la inducción es un problema. Sin embargo, Reichenbach defiende una posición pragmática, según la cual la inducción se justifica simplemente porque funciona. Bertrand Russell (1948), por otro lado, estableció que si no se justifica la inducción se cae en el escepticismo radical o en el solipsismo del momento presente y, para el autor, la mejor manera de llevar a cabo tal justificación es aceptando a modo de postulados ciertos principios sintéticos no apriorísticos. Ahora bien, a mediados del siglo XX Peter F. Strawson (1952) planteó que lo señalado por Hume es, en realidad, un pseudoproblema que está fundado en una confusión conceptual absurda. Por tanto todos los intentos de resolver el problema de Hume son, para Strawson, fallidos, pues lo que se debe hacer no es resolver el problema, sino dilucidarlo través del análisis lingüístico (Cf. Strawson, cap. 9, §II 9 y 12).

Strawson plantea su propuesta desde la óptica de la filosofía del lenguaje ordinario, una manera de hacer filosofía que comenzó a tomar fuerza con las Investigaciones Filosóficas de Ludwig Wittgenstein. En este texto Wittgenstein afirma: “Nosotros reconducimos las palabras de su empleo metafísico a su empleo cotidiano” (IF §116). Esta reconducción se lleva a cabo con miras a dilucidar los problemas de la filosofía tradicional, los cuales –luego del análisis lingüístico– se muestras como confusiones absurdas que son producto del abuso del lenguaje.

Así pues, Strawson se ocupa de examinar el problema de la justificación de la inducción con las gafas del filósofo del lenguaje ordinario, y plantea que éste es, más bien, un pseudoproblema que descansa sobre una confusión conceptual. Tal confusión consiste en exigir una justificación a los argumentos inductivos desde estándares deductivos, lo cual plantea, en últimas, la exigencia según la cual la inducción debe ser una deducción. El problema de Hume, para Strawson, designa la justificación y la validez sólo a los procedimientos deductivos, negando así la existencia de algún tipo de justificación y validez inductiva. Lo problemático de esto es, por ejemplo, que muchas de las creencias de la vida cotidiana están basadas en razonamientos inductivos; pero, bajo esta perspectiva, no estarían justificadas y serían inválidas (Cf. Strawson, cap. 9, §II.7).

Asimismo, Strawson muestra que la exigencia absurda del problema clásico de la inducción ha hecho que muchos se pronuncien a este respecto en particular y hayan planteado ciertos intentos de respuesta. Uno de esos intentos puede ser denominado el intento de “la búsqueda de la premisa suprema de las inducciones” (Strawson, cap. 9, §II.8). Este intento pretende introducir en un argumento inductivo una premisa adicional general (típica de un argumento deductivo), para lograr alcanzar una adecuada justificación. El problema con este intento de respuesta es que la formulación de esa premisa adicional implica arbitrariedad y, posiblemente, falsedad.

Así pues, la demanda de justificación es errónea en la medida en que detrás de ésta está el deseo absurdo de que la inducción debería ser un tipo de deducción. Por otro lado, esta demanda de justificación, según Strawson, también puede preguntar por la prueba de que la inducción es un proceso razonable o racional en el que podemos depositar confianza, pues tiene buenos fundamentos. Con miras a evaluar este sentido del problema, Strawson propone examinar la creencia “Todo caso de f es un caso de g” y considerar que alguien pregunta si se tienen buenos fundamentos o razones para sostener tal creencia. Para el autor, una respuesta satisfactoria podría ser “bueno, en toda mi amplia y variada experiencia me he encontrado innumerables casos de f y nunca un caso de f es no-g” (Strawson, cap. 9, §II.10). Según Strawson, tal respuesta es satisfactoria, debido a que propone apoyo inductivo y evidencia inductiva de cierto tipo para la creencia y no hay necesidad de entrar en querellas filosóficas absurdas.

Ahora bien, el autor en esta instancia de la reflexión sigue considerando como un sinsentido la pregunta por la justificación de la inducción en general. Preguntar si la ley es legal, por ejemplo, tiene sentido cuando la pregunta se considera en ciertos contextos como en una regulación administrativa o en una promulgación particular de cierta legislatura. Esta pregunta se responde apelando a un sistema legal y aplicando un conjunto de normas. Empero, preguntar de manera general si todo el sistema legal es legal  no tiene sentido, pues aquí no hay estándares a los que apelar para responder la pregunta (Cf. Strawson, cap. 9, §II.10). El autor dice que algo análogo ocurre cuando se pregunta (i) por la justificación de ciertas creencias particulares y cuando se pregunta (ii) por la justificación de la inducción en general. De manera que la pregunta (i) tiene sentido y se responde a través de estándares inductivos; no obstante, en la pregunta (ii) no hay estándares a los que apelar para responder la pregunta, por tanto la pregunta carece de sentido. Sólo hay una manera en la que (ii) tiene sentido, a saber, cuando para responder se dice “(…) a veces las personas tienen evidencia adecuada y otras veces no” (Strawson, cap. 9, §II.10). Sin embargo, este sentido es poco interesante.

 

III. ¿Olvida Strawson el aspecto normativo de la inducción?

A Strawson se le suele criticar que se enfoca en lo puramente crítico y que olvida lo propositivo, específicamente cuando se trata de dilucidar cómo se da el aspecto normativo de la inducción desde su perspectiva. En términos de Max Black, por ejemplo, a la postura de Strawson se le puede reprochar el hecho de que si bien su crítica es rigurosa, olvida el aspecto constructivo, es decir, a esta postura se le escapa la reflexión sobre los criterios de valoración de argumentos inductivos: ¿cuándo se valora un argumento inductivo como correcto o como incorrecto? (Cf. Black, 1979, p. 70). Por otra parte, Díez & Moulines sostienen que a esta postura se le puede objetar, así mismo, que se le escapa explicar en qué consiste una inferencia inductiva correcta, incorrecta y más o menos correcta (Díez & Moulines, 1997, p. 402).

Como se ve, Black y Diez & Moulines plantean que la postura de Strawson no nos permite saber cuándo una inducción es correcta o incorrecta. Sin embargo, al autor no se le escapa este elemento normativo. Como filósofo del lenguaje ordinario, Strawson propone que la aclaración del significado de las palabras ayuda a aclarar malentendidos filosóficos como el que se tiene entre manos aquí.[2] Así pues, el autor pretende responder la pregunta ¿cómo es posible que estemos justificados al sostener argumentos inductivos? Examinando cómo aparece el término “justificación” en nuestras prácticas lingüísticas ordinarias.

Supongamos que somos estudiantes y que vivimos aún con nuestros padres y que un lunes de exámenes finales no llegamos a casa. Supongamos que llegamos en la madrugada del martes y, además, ebrios. Nuestra madre exaltada preguntará, por ejemplo, “¡¿usted por qué hace estas cosas?! ¡¿Ni crea que esto tiene justificación alguna?!” En este escenario nuestra madre estará planteando con la segunda pregunta que no existen razones que nos autoricen a llegar ebrios un martes en la madrugada en la época de exámenes finales. Supongamos otro escenario: le digo a mi novia sin motivo aparente “tu madre es mala persona, no me cae bien” y mi novia me pregunta y ordena exaltada “¡¿por qué?! ¡Justifique esa estupidez que acaba de decir!”. Lo que hago en este escenario es ofrecer razones que me autoricen a decir que la madre de mi novia es mala persona. En suma, estos escenarios en los que se usa el término “justificación” muestran que éste significa ofrecer razones que autoricen a las personas a hacer algo o a sostener una proposición.

Así pues, Strawson sostiene que esta estrategia deja abierta, de todos modos, la pregunta: ¿qué tipo de razones autorizan que se diga que un argumento inductivo es correcto o no? Esta pregunta se responde, de nuevo, con el principio: “La vida ordinaria provee suficiente” (Strawson, cap. 9, §I). Con esto el autor sostiene que un argumento inductivo es correcto o incorrecto dependiendo del escenario en el que se encuentre, es decir, el aspecto normativo de la inducción es contextual. Por ejemplo, alguien dice “está lloviendo esta mañana, así que si no te abrigas, entonces te dará frío”. Frente a un argumento de este tipo, Strawson plantea que  el hecho de que este argumento sea válido o inválido depende de características del contexto. En este caso, si la temperatura está bajo cero, entonces el argumento es correcto; si la persona que emite la proposición tiene una enfermedad que le hace sentir frío cuando en realidad hace calor incluso cuando llueve, entonces lo más probable es que el argumento sea incorrecto.

En cualquier caso, los estándares que están involucrados aquí para determinar si una inducción es correcta o incorrecta son, en efecto, inductivos. De manera que las conclusiones de un argumento inductivo pueden ser muy, muy probables o poco probables, pero no ciertas, pues en la naturaleza de los argumentos inductivos está que la conclusión no está implicada en las premisas. Por esto es que Strawson afirma que es un error pensar que la “implicación” y el “apoyo” son lo mismo, puesto que la primera funciona sólo en la deducción y el segundo en la inducción.

 

  1. Conclusión: ¿problema o pseudoproblema?

Luego de este breve recorrido por el asunto de la justificación de la inducción cabe preguntarse: ¿es un problema genuino el planteado por Hume con respecto a la justificación de los procedimientos inductivos? Strawson mostró que si se exige una justificación total y aseguradora de las conclusiones inductivas, entonces se comete un error conceptual, ya que se evalúa un asunto desde los estándares incorrectos. En suma, el problema clásico de la justificación de la inducción conlleva a exigir una justificación a los argumentos inductivos que éstos no pueden ofrecer. Estamos aquí ante un caso de, como dice Popelete (2014), “imposibilidad de principio” (p. 217). Así pues, desde Strawson, el supuesto problema clásico de la justificación de la inducción es, más bien, un pseudoproblema fundado en una confusión conceptual. Consecuentemente, este pseudoproblema no se resuelve, sino que se disuelve analizando la manera en la cual empleamos el concepto de justificación en las rutinas lingüíticas que tienen que ver con creencias que son resultado de procedimientos inductivos.

Bibliografía:

Black, M. (1979). Inducción y probabilidad. Madrid: Cátedra.

Sauvé. D. (1995). La seconde théorie du langage de Wittgenstein. Philosophiques, 22 (2), 213-236.

Diez, J. & Moulines, U. (1997). Fundamentos de Filosofía de la Ciencia. Barcelona: Ariel.

Fogelin, R. (1999). Hume’s skepticism. D., Fate (ed.), The Cambridge Companion to Hume. Cambridge: Cambridge University Press.

Hume, D. (2002). Investigación sobre el conocimiento humano. Madrid: Alianza.

________. (1984). Tratado de la naturaleza humana. Madrid: Órbis.

Ospina, J. (1998). La justificación de la inducción: ¿un pseudoproblema? Revista de ciencias humanas, 5 (16), 10-18.

Poblete, F. (2014). ¿Es la justificación de la inducción un pseudoproblema? Eikasia, enero, 209-220.

Rankin, K. (1955). Linguistic Analysis and the Justification of Induction. The Philosophical Quarterly, 5 (21), 316-328.

Reichenbach, H. (1961). Experience and Prediction. Chicago: The University of Chicago Press.

Russell, B. (1948). Human Knowledge. Its Scope and Limits. Londres: Allen & Unwin.

Snowdon, P. (2009). Peter Frederick Strawson. E. Zalta (ed.), The Stanford Encyclopedia of Philosophy. Recuperado de: http://plato.stanford.edu/archives/fall2009/entries/strawson/.

Strawson, P. (1952). Introduction to Logical Theory. Londres: Methuen.

Stroud, B. (1986). Hume. México D. F.: UNAM.

Wittgenstein, L. (1953). Investigaciones Filosóficas. Barcelona: Grijalbo.

_____________. (2007). Gramática Filosófica. México D. F.: UNAM.

[1] Por esta razón es que la justificación de los argumentos deductivos no ofrece mayores problemas.

[2] Esta postura está en concordancia con la de Wittgenstein cuando afirma en la Gramática Filosófica que: “La explicación del significado puede hacer desaparecer cualquier desacuerdo con relación a un significado. Puede aclarar malentendidos” (GF, 24). Ahora bien, para Wittgenstein la explicación del significado tiene que ver con la manera en la que usamos las palabras, y este uso de las palabras está regido por reglas gramaticales. De modo que, en últimas, la explicación del significado tienen que ver con hacer explícitas las reglas que hay detrás del uso de las palabras: “Nos interesamos por el lenguaje como un procedimiento de acuerdo con reglas explícitas, porque los problemas filosóficos son malentendidos que deben desaparecer cuando aclaramos las reglas según las cuales nos inclinamos a usar las palabras” (GF, 32).

Descargar en PDF

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s