La verdad como ideal regulativo

Camilo Martínez Osorio

Estudiante de Filosofía

Universidad de Los Andes – Bogotá

ca.martinez1209@uniandes.edu.co

Abstract

Es común encontrar en la literatura secundaria intentos de atribuir a Peirce una teoría constitutiva de la verdad. La meta de una teoría constitutiva de la verdad, como la entiendo aquí, es proporcionar un análisis material, formal y esencialmente adecuado de la propiedad verdadero. Sostengo que no hay manera coherente de atribuirle a Peirce una teoría semejante. Discuto diversas teorías con las cuales las observaciones de Peirce podrían identificarse y muestro que ninguna es adecuada. En particular, sostengo que estos intentos son incompatibles con el realismo metafísico que defendía Peirce. Dado ese realismo, lo natural sería que defendiera alguna versión de la teoría de la verdad por correspondencia. Sin embargo, este intento choca también con la defensa de Peirce del método pragmático. Sugiero que la única manera de resolver esta tensión interna en el pensamiento de Peirce es entendiendo sus afirmaciones acerca de la verdad en un sentido regulativo en lugar de constitutivo.

Palabras clave

Peirce, teoría de la verdad, método pragmático, ideal regulativo, pragmatismo

Introducción

La verdad es un tema recurrente en los escritos de Peirce. Entre otros, es muy conocido el pasaje de How to Make Our Ideas Clear donde Peirce identifica la verdad con la opinión que está destinada a ser el objeto del consenso de la comunidad de investigadores al final de los días. Para muchos, este y otros pasajes de la obra de Peirce proporcionan una teoría de la verdad. Según esta interpretación, que se puede encontrar tanto en la literatura secundaria, como en enciclopedias filosóficas, y que también está presente en autores contemporáneos como Putnam, Peirce está entre aquellos filósofos que creen que la verdad es una propiedad genuina de las proposiciones o creencias y que se puede explicar en términos de otros conceptos, ya sea metafísicos, epistémicos, o de otro tipo. Una de las dificultades que enfrentan quienes interpretan a Peirce de este modo es la inconsistencia entre muchas de sus afirmaciones acerca de la verdad (Kirkham, 1995, p.79). En esas condiciones, es difícil atribuirle a Peirce una teoría unificada.

En este texto deseo sostener la tesis de que Peirce no brinda una teoría de la verdad[1]. Mi estrategia será explotar la inconsistencia de las afirmaciones de Peirce acerca de la verdad. En concreto, expondré tres teorías de la verdad con las cuales unas u otras afirmaciones de Peirce podrían identificarse y luego mostraré que dichas teorías son incompatibles, no sólo con otras afirmaciones de Peirce acerca de la verdad, sino también con algunas de sus otras posiciones filosóficas, sobre todo con su defensa de una metafísica realista. Dada esa posición realista, parecería natural que Peirce sostuviera una teoría de la verdad como correspondencia. Sin embargo, sostendré que esta alternativa es inviable pues choca con otro de los pilares del pensamiento de Peirce: el método pragmático. Finalmente, argumentaré que es más compatible con las ideas de Peirce entender la verdad como un ideal que regula nuestras investigaciones, en el mismo sentido en el que Kant entendía la dimensión práctica de las ideas de la razón pura.

¿Qué es una teoría de la verdad?

Antes de empezar creo que vale la pena exponer brevemente qué es una teoría de la verdad. La meta de una teoría de la verdad es explicar en qué consiste la verdad de una proposición o una creencia; esto es, una teoría de la verdad debe dar cuenta de qué es para una proposición o creencia ser verdadera. Dado que la verdad se entiende como una propiedad de las proposiciones o de las creencias, la meta de una teoría de la verdad es explicar la naturaleza de dicha propiedad especificando cuáles son las condiciones necesarias y suficientes para que la propiedad pueda predicarse de alguna proposición o creencia. Generalmente, una teoría de la verdad especifica estas condiciones proporcionando un análisis de la propiedad de la verdad en términos de otra propiedad, de la siguiente manera:

[V] x es V si y sólo si x es P

[V] garantiza que la teoría sea materialmente adecuada. Esta es la primera restricción que debe cumplir una teoría de la verdad: la teoría debe dar cuenta de todas las proposiciones o creencias verdaderas y sólo de ellas. Lo que [V] garantiza es la equivalencia material entre el predicado de verdad y el predicado en el que se haga el análisis; o, puesto de otro modo, garantiza que ambos predicados tengan la misma extensión. La segunda restricción de una teoría de la verdad es la adecuación formal: la teoría debe explicar la propiedad de la verdad a partir de propiedades que no presupongan la noción de verdad. Así, la propiedad P no puede presuponer dicha noción.

Hay aún otra restricción que debe cumplir una teoría de la verdad. Si la meta de la teoría es explicar en qué consiste la verdad de una proposición, no basta con que sea material y formalmente adecuada. Por ejemplo, la afirmación:

[E] x es un ser con riñón si y sólo si x es un ser con corazón

es verdadera y expresa la equivalencia material entre la clase de los seres con corazón y la clase de los seres con riñón. Sin embargo, para un ser cualquiera, tener un riñón no consiste en tener un corazón. Puesto de otro modo, no es esencial para los seres que tienen riñones tener un corazón: si la historia evolutiva del mundo hubiese sido diferente, [E] no sería verdadera. Si una teoría de la verdad quiere dar cuenta de en qué consiste la verdad de una proposición o una creencia, la propiedad P y la propiedad de la verdad deben estar esencialmente conectadas; esto es, deben ser esencialmente equivalentes (Kirkham, 1995, p.13). Usando simbología lógica es posible reescribir [V] para expresar la forma que debe tener una teoría de la verdad:

[V.1] □ [x es V ≡ x es P]

ó

[V.2]  x es V ↔ x es P [2]

Verdad como consenso

Una primera manera de entender ciertas afirmaciones de Peirce acerca de la verdad es como ofreciendo una teoría de la verdad como consenso. Según una teoría de este tipo, una proposición o una creencia es verdadera en la medida en que sea el objeto del consenso de una comunidad apropiadamente definida. Por ejemplo, en su reconstrucción de diversas teorías de la verdad, Kirkham dice: “…no intentaré dar un sentido coherente a las inconsistencias dentro de los escritos…de Peirce…En su lugar,…atribuiré a Peirce la teoría del consenso que él llamo pragmaticismo”[3] (Kirkham, 1995, p.80). Uno de los pasajes que, según Kirkham, apoya esta interpretación es el famoso pasaje de How to Make Our Ideas Clear:

“La opinión que está destinada a ser aceptada en último término por todos los que investigan es lo que queremos decir por verdad, y el objeto representado en esta opinión es lo real.” (CP 5.407)

Así, según la teoría de la verdad de Peirce, lo que constituye la verdad de una proposición o una creencia es el hecho de que esta sea el objeto del acuerdo de cierta comunidad. Por supuesto, la teoría tiene ciertas cualificaciones. En primer lugar, no es el acuerdo de cualquier comunidad, sino de la comunidad científica. E            sto es, la comunidad relevante es la comunidad de personas que conducen sus investigaciones de acuerdo con el método científico. Tampoco se trata de cualquier acuerdo o consenso, sino del consenso que dicha comunidad alcanzará al final de los días. De esta manera, es posible caracterizar la teoría de la verdad de Peirce:

[1] x es V ↔ x será aceptada por los miembros de la comunidad científica al final de los días.

Como una teoría de la verdad esta posición tiene ciertos problemas. Hookway (2004) señala algunos de ellos. Un ejemplo es el problema de los hechos perdidos: parece haber ciertas proposiciones o creencias cuya verdad no puede establecerse por mucho que se investigue el asunto. Por ejemplo, mi creencia de que había exactamente 1.000.000.004 fragmentos de roca de menos de 25 kg de masa en los anillos de Saturno al final del Cretácico. En general, la verdad de este tipo de creencias no puede determinarse pues no existe evidencia suficiente o porque expresan proposiciones vagas (¿Cuándo, exactamente, es el final del Cretácico?). El problema es que la teoría no permite dar cuenta del valor de verdad de estas proposiciones o creencias y eso desafía nuestras intuiciones de que estas creencias expresan hechos y en esa medida tiene un valor de verdad determinado; puesto de otro modo, el problema es que la teoría no permite dar cuenta del principio de bivalencia, según el cual toda proposición o creencia debe ser o verdadera o falsa, y nunca verdadera y falsa.

A la luz de lo anterior, Hookway (2002) propone añadir una cualificación extra a [1].

[1.1] x es V ↔ x sería aceptada por los miembros de la comunidad científica al final de los días, si estos contaran con la evidencia relevante, etc.

Sin embargo, el problema de los hechos perdidos también muestra en qué medida una teoría de la verdad como la de [1] es incompatible con el realismo de Peirce. Peirce defendía un realismo acerca de las leyes naturales y otras entidades abstractas, como los objetos generales. Según Peirce “lo real es aquello cuyos caracteres son independientes de lo que cualquiera pueda pensar que son” (CP 5.405).  Sin embargo, una consecuencia de [1] y de la afirmación de que lo real es el objeto de las creencias verdaderas es que sólo existen aquellos objetos representados por las creencias con respecto a las que la comunidad de científicos del fin de los días estará de acuerdo. Si lo que Peirce afirma es que lo que constituye la verdad de una creencia es la convergencia de opinión de cierta comunidad; esto es, que el consenso determina la verdad de las creencias, entonces debe afirmar también que el consenso determina la realidad de los objetos de las creencias, lo que es incompatible con la afirmación de que lo real es independiente de cualquier sujeto.

Así pues, es claro que la afirmación de Peirce de que la opinión verdadera es aquella que será objeto del consenso por parte de la comunidad científica no debe interpretarse en un sentido constitutivo, como en [1]. Esto es más claro si tenemos en cuenta que Peirce “quería sostener que llegamos a un acuerdo acerca de cierta proposición porque es verdadera; no es verdadera simplemente en virtud del hecho de que llegamos a estar de acuerdo con respecto a ella” (Hookway, 2002, p.47). Lo que Peirce señala con su afirmación es lo que llamaríamos una propiedad contingente de las proposiciones o creencias verdaderas, y no una propiedad esencial, que es lo que requiere una teoría de la verdad.

Consideraciones similares deberían disuadir a cualquiera que quiera formular una teoría de la verdad peirceana cercana al verificacionismo. Kirkham sugiere que hay varios pasajes de Peirce que se prestan para una empresa semejante (Kirkham, 1995, p.80). Una teoría de ese cuño afirmaría que la verdad es verificabilidad; esto es, que una proposición o creencia es verdadera si y sólo si es verificable. También Hookway sugiere que ciertos pasajes de How to Make Our Ideas Clear apuntan en la misma dirección. Allí Peirce discute ciertas creencias o proposiciones que no tienen ninguna consecuencia práctica y que, en esa medida, no pueden ser refutadas por la experiencia. Un ejemplo es la proposición de que todos los diamantes son suaves hasta que los tocamos, cuando se vuelven duros. Según Hookway, Peirce

…parece estar afirmando que, en tales casos, dado que nada mostrará nunca que estamos equivocados, depende de nosotros qué decir. Lo que sea que digamos no será falso; aunque, presumiblemente, esto no establece que sea verdadero…Esto alienta una fuerte lectura anti-realista de su teoría de la verdad.”  (Hookway, 2002, p.53)

La posición anti-realista que alienta es que no hay ningún hecho que determine la verdad de ese tipo de proposiciones, ni de las proposiciones que enuncian hechos perdidos. Pero esto es claramente incompatible con el realismo de Peirce. Y, de hecho, “Peirce luego rechazó esta solución como muy ‘nominalista’” (Hookway, 2002, p.53).

            Instrumentalismo

Otra manera de formular una teoría de la verdad a partir de las afirmaciones de Peirce es construyendo una teoría instrumental de la verdad. Kirkham afirma que hay varios pasajes que sugieren que Peirce se compromete con el instrumentalismo de James (Kirkham, 199, p.80) y Haack sostiene que una de las tesis importantes de Peirce es que la verdad es aquello que es satisfactorio creer (Haack, 1976, p.233).

Tal vez las indicaciones más claras de que Peirce sostenía una posición instrumentalista acerca de la verdad se encuentran en The Fixation of Belief, donde Peirce expone a grandes rasgos su teoría de la investigación. Según Peirce, la investigación empieza con la duda, que aparece cuando nuestras creencias, que Peirce caracteriza como reglas de acción, dejan de orientarnos exitosamente en nuestras prácticas. En ese momento entramos en un estado de insatisfacción que nos motiva a investigar. El fin de la investigación es la fijación de la creencia. Peirce menciona cuatro métodos diferentes para fijar la creencia. Entre estos resalta el método científico, que es el único que garantiza que terminemos con creencias estables que estén de cierta manera blindadas ante la duda.

Sin embargo, según esta interpretación, Peirce parece sugerir que lo relevante es la satisfacción de la duda y que cualquier método, aunque no sea el científico, que garantice la fijación de la creencia es válido. En este sentido Peirce afirma: “Si una creencia general… puede ser producida de cualquier modo, aunque sea por la hoguera y por el potro, hablar de error con respecto a esa creencia es completamente absurdo” (CP 8.16). Si no cabe hablar de falsedad acerca de una creencia que está fija, parece natural pensar que una creencia es verdadera en la medida en que alivia la insatisfacción que genera el estado de duda y armoniza adecuadamente con el resto de nuestro sistema de creencias y con nuestras prácticas. De esta manera, es posible caracterizar la teoría de la verdad de Peirce en estos términos:

[2] x es V ↔ es satisfactorio creer x

donde satisfactorio no debe interpretarse sólo en el sentido psicológico, sino también en el sentido instrumental de cumplir con el propósito de armonizar con nuestro sistema de creencias y orientarnos exitosamente en nuestras prácticas. Según esta caracterización, lo que constituye la verdad de una proposición o creencia es el cumplimiento de estos propósitos. Esta posición es muy cercana a algunas de las afirmaciones más conocidas de James acerca de la verdad.

Por supuesto, una teoría instrumental de la verdad tiene ciertos problemas. El más evidente es que no permite dar cuenta del principio de bivalencia. La satisfacción y la utilidad son nociones relativas, que varían según las personas y los contextos: lo que es satisfactorio creer para a en cierto contexto puede no serlo en otro, o puede no serlo para b. Pero si la verdad es esencialmente lo que es satisfactorio creer, la teoría tendría que juzgar que la verdad de una proposición o creencia puede ser diferente para diferentes personas, o diferente para la misma persona en distintos contextos. De manera que, en un momento particular, una misma proposición o creencia puede ser verdadera y falsa, según quién la sostenga.

Pero un problema más relevante, del cual Peirce era consciente, es que puede haber creencias que sean instrumentales en el sentido expresado en [2] pero que, aun así, sean falsas. Puesto de otro modo, el problema de una teoría de la verdad como la expresada en [2] es que falla a la hora de dar cuenta de un aspecto relevante de nuestras prácticas de investigación: el hecho de que en ocasiones podemos juzgar que estamos equivocados, aunque nuestras creencias sean satisfactorias para nuestro sistema de creencias y para nuestras prácticas. Esta es la raíz de la crítica de Peirce a los primeros tres métodos para fijar la creencia (el método de la tenacidad, el de la autoridad, y el método a priori). El punto de Peirce es que sólo siguiendo el método científico tiene sentido hablar de casos en los que el método se siguió erradamente y de resultados correctos e incorrectos. Por el contrario, en los otros métodos, cualquier resultado, cuando el método produce resultados, es por fuerza correcto. Si me convenzo a mí mismo de que todos los elefantes son rosados mediante el método de la tenacidad, mi creencia recién adquirida es verdadera casi que por definición, en virtud de que ya fue fijada mediante algún método. Para Peirce, el método científico es el único que permite dar cuenta del error pues establece un estándar público con el que los resultados individuales pueden coincidir o diferir en mayor o menor medida. Dicho estándar es el mundo real, cuyo ser es independiente de la manera cómo cualquiera de nosotros lo represente y que nos permite juzgar nuestros resultados como correctos o incorrectos. Pero la teoría de la verdad instrumental, del tipo formulado en [2], no permite dar cuenta de esta dimensión normativa que tiene la idea de verdad en el marco de nuestras investigaciones: dado que la teoría equipara la verdad con la satisfacción de la duda, no cabe juzgar los resultados de nuestras investigaciones como verdaderos o falsos.

Hay que notar cómo esta discusión se conecta nuevamente con el realismo de Peirce. Este sugiere la existencia de un mundo externo, independiente de nosotros, y que podemos dilucidar si dirigimos nuestras investigaciones con el método científico. De hecho, en The Fixation of Belief, Peirce sostiene que el método científico presupone que:

hay cosas Reales, cuyos caracteres son completamente independientes de nuestras opiniones acerca de ellos; esos Reales afectan nuestros sentidos de acuerdo con leyes regulares, y, aunque nuestras sensaciones son tan diferentes como nuestras relaciones con los objetos; aun así, tomando ventaja de las leyes de la percepción, podemos afirmar por razonamiento cómo son las cosas real y verdaderamente; y cualquier hombre, si tiene suficiente experiencia y razona lo suficiente acerca de ella, será conducido a una única conclusión Verdadera. (W3.27)

La teoría instrumental de la verdad planteada en [2] no es suficiente pues para Peirce hay algo más en la verdad que cumplir ciertos propósitos instrumentales: las proposiciones o creencias verdaderas deben también coincidir de alguna manera con el mundo.

 

 

            Verdad como correspondencia

Hasta ahora he intentado mostrar que surgen problemas a la hora de identificar a Peirce con diversas teorías constitutivas de la verdad, como la teoría de la verdad como consenso, el verificacionismo, y el instrumentalismo. En mi argumentación ha jugado un papel importante el realismo metafísico de Peirce: si se concede que hay un mundo real que nos afecta de diversas maneras es difícil sostener alguna versión de las teorías de la verdad discutidas arriba.

Pero parece que hay un tipo de teoría de la verdad que armoniza perfectamente con un realismo del tipo que defiende Peirce: la teoría de la verdad como correspondencia. Según esta teoría, la verdad de una proposición o creencia consiste en su correspondencia con los hechos. En esta medida, la teoría de la correspondencia requiere una metafísica o una ontología particular que permita darle sentido a las nociones de “hecho”, “corresponder”, etc. Pero una vez una metafísica semejante ha sido proveída y las nociones relevantes han sido dilucidadas, es relativamente sencillo dar cuenta de la naturaleza de la verdad. Dadas las posiciones metafísicas de Peirce, parece natural esperar que provea una teoría semejante de la verdad.

Haack (1976) sostiene que varias afirmaciones de Peirce acerca de la verdad armonizan con esta interpretación. Un ejemplo claro es el pasaje de The Fixation of Belief citado al final de la sección pasada. Otro caso es este pasaje de Truth, Falsity, and Error, la entrada de Peirce para el Baldwin´s Dictionary of Philosophy:

“La verdad es esa concordancia de un enunciado abstracto con el límite ideal hacia el cual la investigación incesante tendería a llevar la creencia científica.” (CP 5.565)

De este modo, parece que tenemos los elementos para formular la teoría de la verdad de Peirce como una teoría de la correspondencia:

[3] x es V ↔ x corresponde con los hechos

Pero aparte de los pasajes mencionados arriba, hay otros donde Peirce claramente se muestra en contra de cualquier tentativa de formular una teoría de la verdad en los términos de [3]. El núcleo de su crítica es que definir la verdad como correspondencia no tiene ninguna consecuencia para nuestras prácticas y es, por ende, un empresa sin sentido (Misak, 2004, p.6). Así, dice Peirce:

“Solo te confundes a ti mismo al hablar de esta “verdad” metafísica y “falsedad” metafísica de la que no sabes nada. Todo con lo que tienes algún contacto son tus dudas y creencias…Si tus términos “verdad” y “falsedad” se toman en el sentido tal que sean definibles en términos de duda y creencia y el curso de la experiencia…todo está bien: en ese caso, solo estás hablando de duda y creencia. Pero si por verdad y falsedad quieres decir algo que no sea definible en términos de duda y creencia de ningún modo, entonces estás hablando de entidades de cuya existencia no puedes saber nada, y que la navaja de Ockham cortaría limpiamente. Tus problemas se simplificarían en gran medida si, en lugar de decir que quieres conocer la “Verdad”, dijeras simplemente que quiere alcanzar un estado de creencia que no pueda ser asediado por la duda”. (CP 5.416)

Hay que recordar que según la máxima pragmática de Peirce el contenido de cualquier idea es equivalente a las consecuencias que esta idea tenga para la vida práctica. Según Misak:

“Peirce aplica la máxima pragmática en el debate acerca de la naturaleza de la verdad y la realidad. El filósofo debe mirar nuestras prácticas y ver qué concepción de la verdad se acomoda mejor a ellas…La ruta de Peirce hacia el concepto de verdad es a través de la creencia, la investigación, y la deliberación: las prácticas ligadas a la verdad y a la búsqueda de la verdad.” (Misak, 2004, p.5)

Así, en el pasaje de arriba, Peirce señala que cualquier teoría de la verdad que no elucide el concepto de verdad a la luz de nuestras prácticas y nuestra experiencia, y que tampoco pueda dar cuenta de aquellas de nuestras prácticas que están ligadas a la verdad, es inadecuada. A la luz de dicho pasaje, parece que el reproche de Peirce a una teoría de la verdad por correspondencia, como la formulada en [3], es que se limita a analizar en qué consiste la propiedad de verdad en términos de una propiedad metafísica, la correspondencia con los hechos, acerca de la cual nuestra experiencia no puede informarnos de ningún modo: nada en nuestras prácticas de investigación, nuestras creencias y dudas, puede informarnos cuando una relación metafísica de ese tipo entre una proposición y los hechos se obtiene. Puesto de otro modo, a Peirce le parece que una teoría como [3] es infructuosa sencillamente porque nunca podemos saber cuándo nuestras proposiciones corresponden con los hechos a partir de la experiencia a la que tenemos acceso: sólo podemos dar cuenta de la noción de verdad a partir de nuestras creencias y dudas.

Quiero llamar al anterior el resultado kantiano de Peirce: la teoría de la verdad por correspondencia es incorrecta pues pretende brindar conocimiento acerca de un concepto (la verdad) más allá de los límites de toda experiencia posible. El mismo Peirce formula una de sus objeciones a la teoría de la verdad como correspondencia en términos kantianos: “que la verdad es la correspondencia de una representación con su objeto es, como dice Kant, meramente la definición nominal de la misma” (CP 5.553). Hay que recordar que Kant distinguía entre las definiciones nominales y las definiciones reales. “Las definiciones nominales explican el significado de las palabras. Las definiciones reales ilustran la esencia de las cosas” (Vanzo, 2010, p.156). Considérese el nombre “oro”. La definición nominal nos proporciona lo que Locke llamaba la esencia nominal del oro, esto es, la idea compleja que la palabra representa: un cuerpo amarillo, maleable, etc. Por su parte, la definición real debe proporcionarnos la esencia real del oro, esto es, la constitución de sus partes insensibles de la que dependen sus cualidades. Kant y Locke pensaban que no podemos conocer la esencia de las cosas materiales, de modo que sólo podemos dar sus definiciones nominales.

En este sentido, para Peirce, [3] no proporciona la definición real sino la definición nominal del concepto de la verdad. Pero una definición nominal no nos dicen nada de la esencia de la verdad, y eso era lo que esperábamos de una teoría de la verdad.

            Verdad como un ideal regulativo

A la luz de lo anterior, parece que aquí hay un dilema. Por un lado, interpretar a Peirce como ofreciendo un teoría de la verdad de corte instrumentalista, verificacionista, o por consenso es incompatible con otras de sus posiciones filosóficas, sobre todo con su realismo. Dado ese realismo, lo natural parecía interpretarlo como ofreciendo una teoría de la verdad como correspondencia. Pero esta alternativa es incompatible con el resultado kantiano que señalé en la sección pasada. Este resultado, a su vez, es una consecuencia de otra de las ideas centrales del pensamiento de Peirce: su idea de la máxima pragmática y el método pragmático para esclarecer nuestros conceptos. Pero de acuerdo con el método pragmático la manera de proceder para dar cuenta del concepto de verdad es a partir de nuestras prácticas y nuestra experiencia; esto es, a partir de nuestras creencias, dudas, e investigaciones, cosa que precisamente hacen las primeras teorías discutidas.

Lo que este dilema parece señalar es una tensión interna en el pensamiento de Peirce, una tensión entre su metafísica realista y su defensa del método pragmático. Sin embargo, deseo sostener que esta tensión es sólo aparente. Esta solo aparece cuando contamos a Peirce entre aquellos filósofos que creen que la verdad es una propiedad genuina de las proposiciones o creencias, y que se puede explicar en términos de otros conceptos, ya sea metafísicos, epistémicos, o de otro tipo; esto es, cuando consideramos que las afirmaciones de Peirce acerca de la verdad ofrecen una teoría constitutiva de la verdad, es decir, una explicación de en qué consiste la verdad de una proposición o creencia, o una elucidación de la naturaleza de la propiedad de la verdad. En su lugar, quiero sostener que las afirmaciones de Peirce acerca de la verdad deben entenderse en un sentido regulativo.

Entiendo aquí la distinción entre constitutivo y regulativo en un sentido kantiano. En la Dialéctica Trascendental, Kant habla de las ideas de la razón pura. Se trata de conceptos mediante los cuales la facultad de la Razón pretende unificar el conocimiento proporcionado por el entendimiento a través de la síntesis de las intuiciones mediante las categorías. Kant sostiene que es imposible obtener conocimiento acerca de estas ideas de la Razón (el alma, Dios, y el universo) pues, a diferencia de las categorías del entendimiento, no son ideas constitutivas. Para conocerlas habría que traspasar los límites de la experiencia posible. Este es un resultado importante, aunque la facultad de la Razón siempre está presa de lo que Kant llama la ilusión trascendental, que consiste precisamente en considerar estas ideas como objetos de conocimiento. Pero a pesar de esta crítica, Kant reconoce que las ideas de la razón pura tienen un papel positivo en nuestro conocimiento. Dice Kant:

“…las ideas trascendentales nunca son de uso constitutivo, de suerte que se den en virtud de ellas los conceptos de ciertos objetos;…Tienen, por el contrario, un destacado uso regulador, indispensablemente necesario, a saber: dirigir el entendimiento a un objetivo determinado…” (A644/B672)

Así pues, “Kant considera estas ideas como útiles…para representar fines o metas que luchamos por alcanzar” (Rohlf, 2010, p.202). Las ideas de la razón pura son regulativas en la medida en que funcionan como metas o estándares de nuestras investigaciones. Usando una imagen, Kant los describe como “puntos focales imaginarios que guían nuestro estudio de la naturaleza y nos ayudan a alcanzar un sistema de conocimiento científico más extenso e interconectado” (Rohlf, 2010, p.203)

Creo que si entendemos la verdad como un ideal regulativo en el sentido kantiano, esto es, como un concepto que no podemos conocer pero que desempeña el papel práctico de orientar nuestras investigaciones, podemos entender mejor la gran mayoría de las afirmaciones de Peirce acerca de la verdad y cómo se relacionan entre sí. Considérense las diferentes caracterizaciones de la verdad que he expuesto hasta ahora:

  1. x es V ↔ x será aceptada por los miembros de la comunidad científica al final de los días
  2. x es V ↔ es satisfactorio creer x
  3. x es V ↔ x corresponde con los hechos
  4. x es V ↔ x es verificable
  5. x es V ↔ x es el fin de la investigación

No he mencionado la afirmación [5], pero es una tesis generalmente asociada con Peirce. Estas cinco afirmaciones proporcionan, al menos parcialmente, la elucidación pragmática del concepto de verdad. Según Hookway, “las clarificaciones pragmáticas de conceptos y proposiciones se entienden mejor como explicaciones de los compromisos (experimentales) en los que incurrimos cuando afirmamos o juzgamos las proposiciones en cuestión” (Hookway, 2004, p.146). En este sentido, las afirmaciones de [1] a [5] no son afirmaciones constitutivas acerca de la naturaleza de la verdad, sino que señalan los compromisos, las convenciones, o las reglas que implícitamente asumimos en el marco de nuestras investigaciones cuando nos comprometemos con la verdad de una proposición. De esta manera, la verdad es un ideal regulativo en la medida en que impone dichos compromisos a quienes investigan y orienta sus investigaciones.

Bibliografía:

Haack, S. (1976) The Pragmatist Theory of Truth. The British Journal for the Philosophy of Science, Vol. 27, No. 3 (Sep., 1976), pp. 231-249

Hookway, C. (2002) Truth, Rationality, and Pragmatism: Themes from Peirce. Oxford: Clarendon Press.

Hookway, C. (2004) Truth, Reality, and Convergence. En Cheryl Misak (ed.), The Cambridge Companion to Peirce. New York: Cambridge University Press, pp. 127-149

Kant, I. (2006) Crítica de la Razón Pura. (Pedro Ribas, trad.) Madrid: Taurus.

Kirkham, R. (1995) Theories of Truth: A Critical Introduction. Cambridge: MIT Press.

Misak, C. (2004) Charles Sanders Peirce (1839-1914). En Cheryl Misak (ed.), The Cambridge Companion to Peirce. New York: Cambridge University Press, pp. 1-26

Peirce, C.S. (1931-1958) Collected Papers of Charles Sanders Peirce. Vols. 1-8. Cambridge: Harvard University Press.

Rohlf, M. (2010) The Ides of Pure Reason. En Paul Guyer (ed.), The Cambridge Companion to Kant´s Critique of Pure Reason. New York: Cambridge University Press, pp. 190-209

Vanzo, A. (2010) Kant on the Nominal Definition of Truth. Kant-Studien, Vol.  101, pp. 147-166

[1] Mi tesis tiene un precedente en Hookway (2004).

[2] Este símbolo a veces se usa para el bicondicional material. Aquí lo usaré de acuerdo con la interpretación dada en [V.1]

[3] La traducción de esta y las demás citas textuales, excepto las de Kant, es mía.

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