Federico Colmenares

 

El más grande y mayor problema ante el cual se tiene y se ha tenido que enfrentar el movimiento feminista desde sus inicios está en buscar la manera de romper y superar las convenciones, los términos, las distintas expresiones y descripciones presentes en el lenguaje, tanto académico y formal, como en el cotidiano, que está diseñado para responder y encajar con los presupuestos y las actitudes del sexo masculino. Ciertas escritoras, poetas, académicas, lesbianas y afrodescendientes consideran que es por medio de las expresiones literarias, tales como la poesía y el teatro, que es posible ensanchar nuestro espectro moral para aceptar nuevas descripciones y concepciones de lo que significa ser una mujer en la actualidad. Por otro lado, otro grupo de escritoras y pensadoras políticas considera que es por medio de una acción política en conjunto, que encuentra su máxima expresión en manifestaciones, protestas y marchas multitudinarias, con la que se desestabiliza y se pone cuestión la legitimidad de ordenamientos jurídicos, legales y políticos que tienen una clara y manifiesta inclinación heteropatriarcal, represiva y autoritaria. Es primordial que sean las mujeres quienes se comprometan y se dediquen a crear material literario y político con este propósito. Pero también es necesario resaltar, como bien lo hace Judith Butler, que la lucha feminista por el reconocimiento de los derechos de las mujeres, las minorías sexuales y los movimientos sociales con un enfoque de género son una lucha por los derechos y libertades de todos. Esta lucha es en pro de la pluralidad y no meramente una lucha por el reconocimiento de ciertas identidades. Se necesita así de un ejercicio imaginativo de gran envergadura, una tarea titánica, para comenzar y continuar esta tarea de suma importancia. Se requiere de perseverancia, resistencia, coraje y valentía, pues, el establecimiento patriarcal no dudará en resistirse ni querrá ceder en ninguna de las áreas en las que ejerce su dominio.

La poeta norteamericana Adrienne Rich muestra en su ensayo When We Dead Awaken: Writing as Re-vision cómo, dentro del lenguaje, se cristalizan y se revelan todo tipo de concepciones, restricciones y límites que el establecimiento hetero-patriarcal le impone a la figura y al cuerpo femenino. Ella comienza por notar de qué manera la literatura y la academia norteamericana se componen de un canon, en su gran mayoría, de autores que son hombres blancos y de sus discípulos, dedicados a comentar y criticarse los unos a los otros sin dejar ningún espacio ni conceder ningún valor a cualquier tipo de literatura que no se acople a lo que éstos esperan de un texto que se haga llamar literario. Ni el canon ni el pensum en las universidades se ha modificado casi en lo absoluto. La gran mayoría de las mujeres literatas siguen leyendo novelas y poemas escritos por hombres. Son textos que hablan sobre la mujer, sobre el amor y el deseo de la mujer; siempre desde la perspectiva y la expectativa masculina. Una perspectiva que sólo es capaz de concebir a la mujer o la figura femenina como un cuerpo maternal, pasivo, acogedor y reproductivo.

Ahora bien, la tarea principal del movimiento feminista es lograr ensanchar el espectro de deliberación moral de la sociedad para lograr un reconocimiento adecuado de la identidad femenina, que el hecho de ser mujer deje de ser visto como una discapacidad o un hecho totalmente desafortunado. Ensanchar el espectro de la deliberación moral es lograr generar nuevas reacciones emocionales y sentimentales ante hechos y sucesos que están presentes en nuestra cotidianidad. Según Richard Rorty, uno de los filósofos estadounidenses más influyentes y polémicos del siglo XX y gran representante del pragmatismo norteamericano, lo que el movimiento feminista y las feministas buscan es que se generen, por un lado, sentimientos de indignación y desagrado frente a hechos que antes no lo hacían y, por otro lado, que hechos y situaciones que antes nos parecían por completo inaceptables, ofensivas y ridículas se puedan valorar y considerar como realmente correctas y legítimas. Dice Rorty: “One way to change instinctive emotional reactions is to provide new language which will facilitate new reactions” (Rorty, p. 332). Esto es, justamente, lo que el movimiento feminista español busca por medio de todas las marchas y movilizaciones que surgieron y se organizaron en respuesta al veredicto final en el que se absolvía a 5 hombres de haber cometido el delito de violación sexual. Según el Código Penal español, en torno a las libertades sexuales, se considerará como violación cualquier acto sexual no consentido que incluya algún tipo de amenaza y/o violencia física. En el caso de violación que se dio en la fiesta de los Sanfermines del 2016, técnicamente, no hay evidencias de amenazas, violencia física ni ningún tipo de resistencia por parte de la víctima, lo que hace que el acto cometido sea considerado como un abuso sexual más no una violación.

El movimiento feminista español quiere resaltar de qué manera el Código Penal de ese país es demasiado estrecho y rígido al momento de tratar casos, como el de la violación a una mujer inconsciente por parte de La Manada, y cómo este Código y ordenamiento jurídico protege y promueve una cultura de violencia machista. En su intento por definir y delimitar de la forma más precisa posible todos lo actos de violencia que atenten contra las libertades sexuales de las mujeres y las minorías sexuales, el Código Penal español termina trazando límites y fronteras en exceso rígidas que, no sólo son incapaces de tratar actos tan violentos como el ocurrido en los sanfermines de manera adecuada, sino que termina promoviendo la insensibilidad y la perpetuación de una cultura machista, de una forma de relacionarnos entre nosotros bastante violenta. El caso de La Manada resulta tan indignante pues se tiene evidencia clara de cómo fue que cinco hombres organizaron y planearon la violación, luego grabaron lo que hacían para revivir constantemente el momento y terminaron por desviar toda la atención de los jueces y el jurado hacia el rol de la víctima cuestionando el por qué esta no opuso resistencia a la agresión.

Ahora bien, el movimiento de reacción e indignación que surgió a partir de este caso nos resulta sumamente interesante y llamativo, pues, a partir de la magnitud de las movilizaciones que se dieron en muchas ciudades, no sólo en España, sino también en otras ciudades europeas, como Bruselas, el gobierno español tuvo que cambiar su agenda de gobierno y decidió entrar a reformar el Código penal y judicial. El acto simbólico de reunirse en plazas públicas y ante las sedes de muchas instituciones estatales, como el Ministerio de Justicia y el Tribunal Supremo, tiene un gran efecto político. Es por esto que Butler dice en el capítulo 2 “Cuerpos en alianza y la política de la calle” de su libro Cuerpos aliados y lucha política que: “Aunque insistamos mucho en las condiciones materiales que hacen posible las asambleas y discursos públicos, también debemos preguntarnos cómo es que ambos reconfiguran la materialidad del espacio público y producen, o reproducen, el carácter público de este entorno material” (Butler, p. 73). En Madrid, donde el movimiento feminista encuentra su frente más poderoso, se llevaron a cabo tres marchas o concentraciones especialmente significativas. La primera fue convocada y llevada a cabo el mismo día en que se dio a conocer el fallo del Tribunal que, en cierta medida, favorecía a los cinco hombres de La Manada que cometieron la agresión sexual. Esta concentración se presentó frente al Ministerio de Justicia para mostrar, de manera inmediata, el increíble rechazo popular frente a la decisión del Tribunal de absolver a los asaltantes del delito de violación sexual y condenarlos por el delito de abuso sexual. La segunda movilización se llevó a cabo el día miércoles 2 de mayo, frente a la Puerta del Sol, una parada tradicional del desfile militar que conmemora el levantamiento del pueblo español para liberarse y oponerse a la ocupación francesa durante el siglo XIX. El desfile militar se vio interrumpido y saboteado por la multitud, en su gran mayoría compuesta por mujeres, quienes cantaban al unísono ‘Yo sí te creo’, mostrando su apoyo a la víctima. La tercera, que fue convocada y realizada el 4 de mayo, partió de Atocha y terminó por concentrarse en la plaza Villa de París, en donde se encuentra ubicado el Tribunal Supremo y en donde, según voceras del movimiento, “se encuentran los máximos representantes de la justicia patriarcal” (El País, 2018). Llegados a este punto, sale a relucir la importancia material de la existencia de plazas y avenidas que permiten la aglomeración y el desplazamiento de las manifestantes, lo cual resalta la importancia del ámbito público que posibilita el darse de la manifestación. Ahora bien, lo que resulta mucho más interesante en este caso es cómo estas manifestaciones fueron capaces de reconfigurar el sentido y propósito habitual de estos lugares públicos de manifestación. El lugar que tradicionalmente sirve como parada a un desfile militar que conmemora una fiesta patria pasó a ser, por unas horas, el sitio donde las manifestantes y los integrantes de los movimientos sociales sacaron a la luz pública su inconformidad frente al fallo y su apoyo a la víctima. Por otro lado, al reunirse y concentrarse las manifestantes frente a las sedes de las instituciones estatales de justicia se puso en cuestión no sólo la decisión específica de condenar a los agresores por abuso sexual mas no por violación, sino la legitimidad y la autoridad de dichas instituciones en materias de aplicación de justicia.

Las acciones del movimiento feminista en España confirman y respaldan la crítica por parte de Butler a la concepción arendtiana de la acción política. Lo que Butler le critica a Arendt específicamente es su concepción de que la acción política necesita de condiciones y espacios de aparición. Para Arendt la acción política genuina se da dentro de un marco jurídico y legal que le otorga una significación real y compartida, dejando por fuera de la política a todos aquellos que son considerados como desposeídos, apátridas, los sin-estado, pobres, inconformes, insurgentes, etc.; todos aquellos individuos cuyo ser se considera en un estadio a-político o pre-político. Así, para Arendt, la acción política podría resumirse simplemente a la lucha política por la ampliación de estas condiciones, tanto legales como materiales, que posibilitan la aparición de nuevos sujetos libres y políticos. Ahora bien, lo que Butler quiere resaltar es que también hemos de considerar y pensar todos los actos de resistencia y reacción que surgen por fuera y en contra de los marcos políticos ya establecidos. De esta manera, ella afirma que: “si decimos que los desposeídos se encuentran fuera de la esfera política -reducidos a formas despolitizadas del ser-, entonces implícitamente estamos aceptando la legitimidad de los modos dominantes de establecer los límites de lo político” (Butler, p. 82). Para Butler, el problema de concebir la acción política a partir de las condiciones de posibilidad de lo político deja de lado lo otro realmente importante de la acción política, a saber, que esta adquiere su poder y su fuerza a partir de la unión, de la alianza, del actuar en conjunto de los cuerpos; este actuar en conjunto que se muestra también como la capacidad física de resistir todos juntos frente a los establecimientos autoritarios y policiales que cuidan las fronteras y los límites de la esfera de lo político.

Además, esta concepción específica de la acción política arendtiana que Butler crítica se encuentra en contraposición con otra noción arendtiana, el derecho a tener derechos. “Como ella misma afirma [Arendt] el derecho a tener derechos, es anterior y precede a cualquier institución política que pudiera codificar o tratar de garantizar ese derecho… Es un derecho que nace cuando se ejerce, y que es ejercido por quienes actúan conjuntamente, en alianza” (Butler, p. 84). Así, desde esta perspectiva, la lucha y la indignación del movimiento feminista español cobra aún más importancia, pues, este ya no es una simple reacción y explosión momentánea de sentimientos de rabia e indignación, sino que representa un proyecto democrático radical que lucha, no por un reconocimiento de derechos que no se tienen o de los que las mujeres se ven privadas, sino que representa una lucha ante un atentado contra el derecho al respeto por la integridad sexual; derecho que es reconocido y apoyado por una inmensa cantidad de mujeres y que no se autolimita a buscar matices o diferencias entre abuso y violación. Es un derecho total y abarcante que reprueba sin distinciones y con igual severidad la agresión sexual.

Ahora bien, esta concepción de la acción y la lucha política, de las luchas democráticas por derechos plurales y sociales está amparada en una concepción de la acción como la capacidad humana de actuar en conjunto. El poder para trastocar y desestabilizar la legitimidad y la autoridad de las instituciones judiciales en España, por parte del movimiento feminista, resulta de la unión y la reunión de los cuerpos, de las mujeres manifestantes. Su capacidad para resistir y cuestionar el poder estatal reside en gran parte en la alianza física de los cuerpos y, además, resalta también la capacidad transgresiva que tiene la acción humana; capacidad que se ve aumentada cuando son muchos cuerpos humanos actuando en conjunto, parándose frente a un edificio a mostrar su descontento y asco por la cultura machista.

Pero también hay otra dimensión de lo corporal y del cuerpo que el pensamiento arendtiano no logra concebir adecuadamente. Es la concepción maternal, acogedora, pasiva y reproductiva que tradicionalmente se le ha dado al cuerpo femenino, a la mujer, y que tiene grandes efectos a nivel político. Para Arendt, la distinción y diferenciación de los cuerpos masculino y femenino tiene una importancia fundamental en su teoría política, como lo muestra Linda Zerilli, profesora de Ciencia Política de la Universidad de Chicago, en The Arendtian Body: “One must affirm, confirm the symbolic order that naturalizes and keeps the differences between the sexes. But this imperative does not square with Arendt’s subject of action and her plural account of identity” (Zerilli, p. 186). Así, Zerilli nota otra gran tensión, al igual que Butler, dentro del pensamiento arendtiano; una tensión entre la necesidad de trazar y establecer límites para darle cierta estabilidad a los cuerpos políticos y sociales y la profunda inestabilidad que se genera a partir de la acción y el discurso en cualquier ámbito de la vida humana. Es interesante ver de qué manera distinciones y fronteras, ya no en términos específicos de lo político, sino más bien centradas en cuestiones de la naturaleza y la identidad de los seres humanos dentro del pensamiento de Arendt tienen también una gran influencia y efectos políticos.

Segun Zerilli, en The Human Condition Arendt establece la necesidad de mantener la diferenciación sexual entre hombres y mujeres,  entre lo masculino y lo femenino, como condición de la pluralidad. Después de introducir la figura del Animal laborans, Arendt nota la increíble capacidad que tiene el trabajo humano, visto también como un derivado de la acción humana, para desmantelar y destruir, así como generar, crear y reproducir nuevos paradigmas de significación y de sentido. El cuerpo que trabaja, de cierta manera, logra olvidarse de cualquier diferenciación “natural” o “biológica” que asegure cierta diferenciación entre los seres humanos y, por lo tanto, la posibilidad de la pluralidad dentro de una comunidad humana. Así, la diferenciación entre lo masculino y lo femenino que Arendt se niega a criticar, diferenciación que ella recoge directamente del libro del Génesis, sirve como un fundamento firme para su noción de pluralidad, noción que resulta fundamental para su teoría política y para su noción de narratividad como enfrentamiento a la alteridad y a lo otro. Pero Zerilli quiere resaltar que este tabú arendtiano en torno al cuerpo y al género tiene un sentido mucho más profundo que una simple aceptación de lo natural y lo dado. El tabú arendtiano en torno al cuerpo y la ceguera de Arendt ante el género surge como un intento de evitar mistificar esta diferenciación sexual entre lo masculino y lo femenino. Arendt se niega a querer identificar la feminidad y el cuerpo de la mujer con una concepción naturalista en la cual en el cuerpo femenino se ve reflejado cierto tiempo y devenir cósmico y cuya expresión son los ciclos de gestación y fertilidad. Esta evasión arendtiana a naturalizar y esencializar a la mujer con la imagen de la naturaleza también vista como una madre surge de su pensamiento radical en torno a la contingencia. Así, ella interpreta la necesidad humana de estar diferenciando o estableciendo fronteras simbólicas, lo masculino frente a lo femenino, como una respuesta o reacción ante el terror de la muerte y el profundo desconocimiento que tenemos con respecto a nuestro origen y destino, el estadio final de la existencia humana. De esta manera, para Zerilli, el verdadero aporte de Arendt viene a ser que: “she offers instead a powerful if problematic account of the subject’s terror of embodiment and loss of symbolic mastery” (Zerilli, p. 174). Ambas pensadoras notan el carácter transgresor del cuerpo y de la acción humana, de la condición existencial que tienen el cuerpo y la acción humana a resistirse a cualquier intento de quedar rígidamente encasillados en una constelación de sentido fija. Ambas reconocen que los límites entre la naturaleza y la cultura son imposibles de definir fijamente. La acción y el trabajo del Animal laborans de Arendt, un ser que ha logrado emanciparse de la dependencia biológica de acoplarse a los ciclos de la naturaleza para sobrevivir, pues, siguiendo a Marx, este animal se caracteriza por tener la capacidad de procurarse sus medios de subsistencia. Es gracias a esta emancipación del ser humano frente a la naturaleza el que su trabajo, su capacidad para generar y crear, se salga de control y se convierta en un crecimiento no natural del mundo humano. Asimismo, frente a este crecimiento no-natural no hay tampoco límite o frontera simbólica que pueda mantenerse como inmutable o incambiable a lo largo del tiempo. No hay frontera entre lo natural y lo cultural ni entre lo privado y lo público que pueda mantenerse.

Ahora bien, aunque el carácter y la capacidad performativa de los cuerpos es crucial para comprender la profunda inestabilidad del mundo humano en todos sus ámbitos, el lenguaje y el discurso también juegan un papel decisivo al momento de querer trastocar, desestabilizar, abandonar y crear nuestras constelaciones de sentido y significado. Esto es lo que la poeta Adrienne Rich, la cual mencionamos al principio del texto, quiere enfatizar en su ensayo When We Dead Awaken. Este ensayo, en el que ella critica el establecimiento machista y heteropatriarcal que ha permeado a la literatura por siglos, también realiza un recuento y un análisis crítico de su propia poesía, desde que empezó su carrera universitaria como literata hasta que se había convertido en una ama de casa tradicional, en una esposa atenta y una madre cariñosa.

Lo primero que Rich comienza por criticar es su tono especialmente masculino. Sus expresiones y palabras son los de los poetas hombres, a los cuales ella admiraba desde pequeña, con los cuales ella se educó y a los cuales ella les tenía que hablar. Estos poetas, como los compañeros y colegas de Zerilli, no estaban dispuestos a aceptar un lenguaje que pusiera en cuestión su rol como hombres dominantes. Luego, Rich también se da cuenta de la manera en que ella representaba a las mujeres en sus poemas. En primer lugar, se da cuenta que ella jamás se representaba a sí misma, sino que siempre hablaba de otras mujeres, de mujeres mayores que han vivido y han sufrido todo el peso de existir. En segundo lugar, se da cuenta de la forma en que ella caracterizaba a las mujeres en sus poemas; eran mujeres que cumplían roles tradicionales. Es en el poema de Aunt Jennifer’s Tigers en donde Rich nota este fenómeno de manera explícita:

Aunt Jennifer’s tigers prance across a screen,

Bright topaz denizens of a world of green.

They do not fear the men beneath the tree;

They pace in sleek chivalric certainty.

 

Aunt Jennifer’s finger fluttering through her wool

Find even the ivory needle hard to pull.

The massive weight of Uncle’s wedding band

Sits heavily upon Aunt Jennifer’s hand.

When Aunt is dead, her terrified hands will lie

Still ringed with ordeals she was mastered by.

The tigers in the panel that she made

Will go on prancing, proud and unafraid.

 

La manera en que la mujer está representada y se identifica es, por un lado, por medio de su relación marital, con el tipo de relación específica que ésta tiene con su marido y, por otro, a través de su labor específica de estar cosiendo y bordando, actividad que se consideraba típica y exclusivamente femenina.

Para Rich, la conclusión de su trabajo es que la academia y la literatura norteamericana, sin ser del todo consciente, está permeada de una concepción heteropatriarcal, en la que se da mayor importancia a la perspectiva masculina y al rol dominante del hombre sobre la mujer. Y para el movimiento feminista es más que claro que el Código penal, las leyes y formulaciones escritas, todavía responden a una lógica machista, una lógica que busca siempre cuidar al hombre y someter a la mujer. Además, para nosotros, los espectadores y testigos, también es muy claro que la fuerza del movimiento feminista español reside en la unión de los cuerpos, en la unión física de cuerpos humanos, y en la alianza que se da entre las mujeres a través de consignas, descripciones y concepciones que se han convertido en una parte esencial y primordial de su idiosincrasia como mujeres. El poder de la resistencia y la fuerza del sentimiento de indignación por parte de las manifestantes reside en que para todas es más que obvio que la ley tiene un contenido machista, literalmente lo tiene.

Lo que impulsa a Rich a llevar a cabo este ejercicio de politización de su poesía es que existe un vínculo muy fuerte entre la forma en que concebimos nuestras identidades sexuales, la forma en que concebimos y hablamos de los cuerpos de ambos sexos, con la forma en que están compuestas y se organizan nuestras instituciones políticas. Es justamente esta misma observación la que, en el fondo, impulsa al movimiento feminista español a luchar en contra no sólo de un fallo judicial en específico, sino contra el código penal y la manera en que se tratan las libertades y derechos sexuales de las mujeres. Rich dice: “But poems are like dreams, in them you put what you don’t know you know” (Rich, p. 40). Ella se da cuenta que es necesario llevar a cabo un análisis extensivo y crítico de nuestro lenguaje, nuestro discurso, de las expresiones y palabras y la manera en que las usamos para describir y concebir todo aquellos que nos rodea para que las acciones y los programas de los movimientos sociales, como el movimiento feminista, logren una mayor concreción y poder. Así, es necesario resaltar que el discurso y la acción política están íntimamente ligados. Una acción que pretenda tener un efecto o estatus político tiene que venir, de cierta manera, sustentada con un discurso. Es por esto que Butler dice que: “… necesitamos de un lenguaje que describa ese estado de exposición intolerable, pero este ha de reconocer todas las formas de acción y resistencia …” (Butler, p. 84). El análisis crítico de Rich, que en un primer plano parece no tener nada que ver con el caso del movimiento feminista español, nos muestra la importancia de prestarle atención a las expresiones, los términos y las descripciones que nuestras instituciones políticas tienen a la mano para tratar y resolver problemas sociales y políticos.

En conclusión, aunque en el pensamiento de Arendt esté presente este tabú en torno al cuerpo y al género, podemos ver de qué manera desde su teoría de la acción humana y política se pueden extraer varios elementos para comprender de una manera más adecuada la lucha del movimiento feminista en general en la actualidad. De la concepción arendtiana que Butler retoma con respecto al poder y el espacio político que emanan los cuerpos humanos unidos podemos ver que los efectos y las reacciones del movimiento no son por azar ni una consecuencia inexplicable. Es gracias a la unión y alianza de las manifestantes, su concentración en plazas públicas frente a instituciones gubernamentales y la desconfianza en el lenguaje con el cual están redactadas las leyes de los códigos penales que estas logran poner en cuestión la legitimidad y la autoridad del Estado y gobierno español. Su presencia frente a los edificios estatales tuvo la capacidad de abrir una vez más el debate en torno a las prácticas evidentemente machistas que todavía permean la sociedad occidental. La lucha del movimiento feminista tiene una gran importancia, pues, nos muestra de qué manera estructuras heteropatriarcales de poder están todavía presentes en nuestro lenguaje, en nuestras prácticas y hábitos, y en nuestras instituciones que se hacen llamar democráticas. La lucha del movimiento feminista es una lucha democrática radical, es una lucha en pro de los derechos de todos, no sólo de las mujeres y las minorías sexuales, y que un acto como el ocurrido en la fiesta de los sanfermines y un fallo judicial que no se muestra lo suficientemente severo ante un hecho de agresión sexual es un atentado contra el derecho en general. Su lucha no es por el reconocimiento sino porque se ha violado un derecho que ya es público y hace parte de la idiosincrasia de muchas personas. Por otro lado, el movimiento feminista también está atacando una concepción tradicional que se tiene de la mujer y su cuerpo. Tradicionalmente tenemos una concepción del cuerpo femenino como un cuerpo maternal, pasivo, dominable, privado y condenado a la labor reproductiva, mientras que el cuerpo masculino viene a ser el representante de la acción, del trabajo, de la fuerza y de la política, del cuerpo público. Así, vemos que a través de los planteamientos de Zerilli y Rich es necesario plantearnos la tarea de someter nuestro lenguaje, nuestras expresiones más cotidianas, nuestras metáforas y descripciones más públicas para rastrear e identificar concepciones machistas o que privilegien al sexo masculino sobre el femenino. También, que una acción política significativa tiene que venir acompañada de un discurso que se comprometa con esta acción, que demarque el camino a seguir y exponga a los enemigos que habrá que atacar.

Bibliografía:

*Butler, J. Cuerpos aliados y lucha política: Hacia una teoría performativa de la asamblea, “Cuerpos en alianza y la política de la calle”. Paidos Básica, Barcelona. 2017.

*El País, “La sentencia a la manada desata una tormenta polítca y social”, recuperado el 16 de mayo de 2018. https://politica.elpais.com/politica/2018/05/02/actualidad/1525286725_262083.html

*Rich, A. On Lies, Secrets, and Silence. Selected Prose 1966-1978, “When We Dead Awaken: Writing as Re-vision”. W.W. Norton & Company, New York, N.Y. 1979.

*Voparil, C. & Bernstein, R. (ed) The Rorty Reader, “Feminism and Pragmatism”. Blackwell Publishing 2010.

*Zerilli, L. “The Arendtian Body”. En: Feminist Interpretations of Hannah Arendt, edited by Bonnie Honig, Pennsylvania State University, 1995.

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